miércoles, 2 de febrero de 2011

Que sabiduria con 22.


Mi nombre es Roberto. Vivo en un pueblo tranquilo del norte de España. Tan tranquilo que apenas a cambiado en los últimos 25 años. Las gentes de la zona siguen viviendo en su mayor parte de la agricultura y aunque algunos trabajan en una ciudad cercana como ya os he dicho la mayoría siguen en el pueblo.

Esta historia comienza una tarde en una semana santa de hace 7 años. Deje a Lys en casa de su tía, esperando que al día siguiente, nos perdiéramos, como siempre en alguno de los pueblos cercanos. Las ruinas de antiguas fortalezas y ermitas perdidas en pequeños bosques de robles. Como no cada vez que podíamos nos escapábamos con alguno de los coches, perdiendo la razón, el tiempo y ganando experiencias que nos divertían y en ocasiones, dejaban perplejos en otras.

Lys era la sobrina y ahijada de mi mejor amiga, la que compartió los mejores y peores momentos de mi vida y la que no me dijo por imposible jamás.

En los días que nos quedaban de semana santa, teníamos el plan definitivo. Pasaríamos los tres días que nos quedaban por la parte norte de León, por pueblecitos en los que encontrar alguna ruina en la que acampar y reírnos de nuestras propias historias.

La primera parada, nos llevó a un pueblo de la sierra. El Castillo, se llamaba. Algo idílico, perdido del tiempo, en un espacio olvidado antaño.

-          Esto es precioso.
-          Si que lo es.- conteste a Lis
-          Me siento. . . princesa.
-          Siempre has sido una princesa, un tanto extravagante pero una princesa.
-          Como mi tía.- contestó.
-           No, créeme tu tía tiene mucho más peligro. La verdad es que la hecho de menos. Desde que esta en parís la veo entre nada y una mierda. Como ella diría.
-          Pero este verano se lo pasará aquí.
-          Si eso me a dicho la última vez que hablamos.
-          ¿La hechas de menos?
-          Más que el respirar. Pero tú te pareces mucho a ella.
-          ¿Y eso como debo de tomármelo?
-          En pocas palabras si yo no fuera gay. . . tu tía no se hubiera escapado.
-          Que tengo 20 años. No quiero saber que pasó entre mi tía y tú.
-          Pues para serte sincero. . . a sido mi amor imperecedero.
-          Sea que tu y . . .
-          No. Jamás.- la interrumpí.
-          Recuerda que soy maricón. Encima, me gustan peludos y tu tía por mucho que se pasara sin depilar. . .
-          Pero. . . ¿estuviste enamorado de ella?
-          Y todavía lo estoy. En solo 3 años, se convirtió en una de las partes más importantes de mi vida.
-          Que bonito. Jejeje
-          No te rías. En verdad, tanto tu tía como Asun y Susy, son los ángeles del Rober.
-          La verdad es que la primera vez que salí de fiesta con vosotros, no las tenía todas conmigo. Pero si que me lo pase genial.
-          Que esperabas. Con 45 años todavía tenemos cuerda.
-          Me a contado las veces que parasteis en Madrid. Las veces que os pasaron cosas raras. Y los tipos que te tiraste. Que por lo que me a llegado. . . estaban tremendos  sobre todo El Italiano.
-          Jajaja. Ya recuerdo. Sandro. El famoso Italiano.
-          ¿Pero por que te has quedado solo? ¿Por qué no tienes noviete?

La pequeña hundió el dedo en la llaga y como un angustioso sabor agrio mi estomago se encogió.

-          Puf eso es una historia muy larga.
-          Tenemos toda la noche.
-          Si bueno.- intente pasar tema. -¿Tu que tal de novios?
-          No, no, no. No me cambies de tema. ¿Porque te has quedado solo? ¿Es que no te enamoraste nunca?
-          La verdad es que una vez y media. Jejeje
-          ¿Me lo explicas?
-          Veras. Con 17 años conocí a un chico, era mayor que yo. Tenia 22 años y estaba tremendo.
-          Ummm. Pero. . .
-          Espera. Deja que termine. Eres la leche. Relájate.
-          Vale, vale.
-          Bien. Lo conocí un día haciendo cruising. En un pinar. Esa noche no pensaba encontrar nada que llevarme a la boca pero. . . el estaba allí. No tuvimos que decirnos ni palabra. Solo los gestos, los olores y las miradas. Decían todo cuanto necesitábamos saber el uno del otro.
-          Pero que bonito.
-          Si te vas a reír, casi que paso.
-          No, no, continúa.
-          Pasamos la noche juntos, perdiendo calor dentro del coche. Cuando empezó a amanecer nos dimos el teléfono y en solo una semana ya sabía todo de mi vida y yo todo sobre la suya. Finalmente me confesó que estaba saliendo con otro hombre. Pero a mí eso no me importaba, la verdad es que las noches que pasamos juntos eran las más calidas aun cuando quedábamos en pleno invierno, las heladas cubrían los campos del coche y el bao se escapaba por las rendijas de las ventanillas del coche.
-          ¿Pero no tenias para un hotel?
-          Claro que si. Pero el coche tenía algo que siempre nos hacia volver a el.
-          Valeee.
-          Pues eso. Pasaron 5 años en los que nos veíamos un par de veces al mes. Dejándonos llevar por los caminos de la lujuria y una vez satisfechos dejándonos mecer por los brazos de Morfeo. Perdiendo los estribos y dejando que los tomara el otro mil veces en una noche.
-          Pero que salidos que estabais.- interrumpió de nuevo Lys
-          Jejeje si tu lo dices.
-          ¿Porque no dejó al otro y salisteis los dos?
-          No lo se nunca nos lo planteamos. Solo nos amamos, como no amé jamás.

La noche, caliente, estaba mecida por una leve brisa, los árboles nos cobijaban del viento y seguíamos tomando el café, esperando que el sueño nos alcanzara.

La muchacha se sintió defraudada. No entendía como yo, que según su tía era el puto amo. Podía dejar que el amor de mi vida se perdiera en el tiempo.

-          No entiendo.- afirmo al fin.
-          ¿El que?- conteste.
-          ¿Como pudiste ser el otro durante tantos años?
-          No lo sé. Supongo que. . . no podía pedirle nada más. Solo aquellas noches interminables en las que el amor que recibí y el que el me procesó, nos envolvía, perdiendo la razón y jurándonos lealtad solo hasta la mañana siguiente.
-          Pero si estuviste con mil hombres.
-          Si lo estuve.
-          ¿No encontraste a otro que te diera lo mismo?
-          La verdad es que no.
-          Me das pena.
-          No, no merezco la pena. Es lo que elegí.
-          ¿Todavía os veis?
-          Si, todavía.
-          Pero. . . – no la deje terminar.
-          No es como cuando tenía 25 años. Pero cada vez que nos vemos el calor, el sentimiento de bienestar, las caricias, las conversaciones, todo es especial, como cuando éramos unos jóvenes como tu.
-           Desde luego eres tonto. Pudiste perderte mil oportunidades. Mi tía me contó que tu sueño siempre fue tener una casita, con perros y quizá un par de niños. Sacrificaste todo por ese, que no te dio más que unas noches de placer.
-          No lo entiendes.
-          Como que no. Eres tonto.
-          Lo único que puedo decirte es que. . . esta fue mi forma de protegerme del daño que pudieran hacerme otros.
-          Por eso lo que no estar con nadie. ¿Por eso, por miedo a que te hicieran daño?
-          Si y no.
-          ¿Que?
-          Pues eso, creo que aparte que siempre lo quise. No necesitaba más o quizá si, pero cada vez que encontraba a uno. . . no me daba nada parecido a lo que sentía con el.
-          Pero el si que seria feliz con su pareja. Solo eras el otro.
-          Quizá. Pero como ya te dije. . . éramos felices el tiempo que vivíamos juntos.

La noche estaba avanzada en el tiempo. La hoguera estaba consumiéndose y el café empezaba a escasear. El sueño atrapó a mi interlocutora. La cogí en brazos y la metí en la tienda.

Salí de nuevo a la explanada. Di unas vueltas al claro. Pensé en lo que Lys, una joven de 20 años, me había dicho. Tenia en parte razón, pero. . . ¿que debía de haber hecho? Esperar a que alguien como el amor de mi vida apareciera. Poco probable. Pedirle que dejara a su novio para estar conmigo. No jamás le daría a escoger. Lo mejor que pude hacer era ser el otro. Saber que en las noches que pernoctamos juntos el fue mío y yo suyo. Tener la certeza, de que cuando me besaba en los labios y salía por la puerta, habíamos pasado la mejor noche de nuestras vidas. Dándonos el uno al otro y el otro al uno, sin censuras, sin indecisiones. Amándonos a escalas que solo los dioses conocerían.

Paradójicamente, a mis chicas las indicaciones que podía darles, malas o buenas, siempre intentando que fueran buenas, nunca se parecieron a las que yo mismo tome. Perdiendo aveces el norte y retomando el camino mas adelante, sin perder un solo segundo viviendo el día a día, dándome cuenta de los errores, esperando que algún día, aquel amor y yo despertáramos juntos después de pasar la noche juntos.

Por la mañana, Lys me encontró en uno de los troncos que usamos para sentarnos la noche anterior.

-          ¿No as dormido?
-          No, e estado pensando.
-          ¿El que?
-          Pues para serte sincero. . . lo que me dijiste ayer, lo de que era tonto. ¿Realmente piensas que soy tonto?
-          La verdad es que no lo se. Supongo que si no encontraste el tío con el que pasar los ratos, que pasabas con el otro. . . bueno. Creo que yo. . .
-          No tu no. Tú serás una princesa, preciosa, hermosa como tu tía y yo seré el dragón que alejara de tu torre todo caballero que no se merezca tu gran y perfecta belleza.
-          Jop
-          Ni jop, ni jop. Como un día le dije a tu tía. “te guste o no eres mi nena y para salir contigo tienen que pasar por la puerta del dragón”
-          Pero. . . y si no te gusta ninguno de los que yo elija.
-          Pero crees que no sabre, cuando serás feliz con un hombre que te quiera.
-          Bueno, siendo tu y mi tía lo biejunos que sois, tenéis las de saberlo.
-           Si, pero realmente lo sabre cuando tengas la misma mirada que tu tía, cuando hablaba del chico que lo dio todo y espero tanto por ella.

La conversación se interrumpió, cuando empezó un pequeño chaparrón. Corrimos, entrando en las ruinas del castillo, todavía erguido, como yo erguido y vacío pero lleno cuando la niebla, en mi caso aquel chico, que se metía por los recovecos de mi cuerpo hasta llenar el patio interior.

El sol salio de nuevo, a toda prisa recogimos la tienda y el resto de cosas que llevábamos, una vez en el coche Lys no dijo nada, como si esperara que prosiguiera la historia de mi otro amor. Por supuesto con su mirada fija en mi, escrutando todos y cada uno de mis movimientos, como la primera vez que me vio su tia.

-          ¿Qué sucede?- Pregunte.
-          Pues que si te enamoraste una vez y media. . . quien fue el medio.
-          El medio, es con el que me di cuenta que no encontraría jamás al hombre que me diera todo lo que solo en contadas noches el primero me daba. Pero también fue el que se llevó un trozo de mi corazón, el que me enseño a amar y por el que jamás me permití amar a ningún otro.
-          Entonces. . . ¿Estas solo porque el primero te daba en una noche todo lo que necesitabas y el segundo fue con el que pensaste que podrías y te defraudo?
-          Si, exacto.
-          Me parece, que estas muy equivocado. Solo tienes cuarenta y ocho años.
-          ¿Y?
-          Pues que no te dejes vencer. Todavía te quedan oportunidades. Si no fuera así. . . ¿Por qué seguir?
-          Por el resto. Por tu tía, por Xonxa por Susa.
-          Pero ellas tienen su vida. No puedes estar a expensas de ellas.
-          Pero se esperar, como hago con el de Ponfe. Los momentos que paso con ellas puedo recordarlos, paso por paso.
-          Pues si que as querido.
-          Si mas de lo que jamás pensó la gente. Es mas sabes que te as convertido en uno de mis ángeles y que no dejare que te pase nada malo.
-          No te preocupes. Se defenderme sola.
-          Los se. Pero no es solo defenderte en un callejón oscuro.
-          Me alegra que estés pero. . . ya tengo amigo gay.
-          Jejeje. Me alegra saber eso. Espero que sea bastante mejor que lo que conseguí ser yo.

Los kilómetros subían en el marcador. Los temas de nuevos cantantes sonaban en el coche hasta que finalmente llegamos a un cruce. Pare el coche y me queda mirando a Lys.
-          Nena. Derecha, izquierda o centro.
-          No lo se. Pero me molaría por la izquierda.
-          ¿Por qué?
-          Porque ese camino va en dirección a las montañas.
-          Te pese o no. Te pareces a tu tía mas de lo que parece.

En unos kilómetros no nos dirigimos la palabra. De vez en cuando nos mirábamos y una explosión de risa hacía que casi tuviera que parar el coche. Esa semana inolvidable solo me faltó ver a mis ángeles originales.

1 comentario:

  1. Y cada vez que lo leo me gusta más.
    Yo también te quiero.

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