El crepusculo se presentaba divertido. Recogieron a los que esa noche serian sus acompañantes, dos simples monigotes que les servirían para desahogarse al final de la misma, con el coche de uno de ellas se dirigieron a la gran discoteca que en la ciudad no tenia competencia y allí dieron rienda suelta a sus cuerpos para bailar, dar y recibir golpes, empujones, rozamientos y todo lo que se podía pedir en una discoteca atestada de niñatos imberbes que no levantaban un palmo del suelo.
Mientras ellos bailaban sus dos acompañantes, hicieron cola en la barra, esperando que después de todo les hicieran un poco de caso. La música en el local era estridente, pero perfecta para conseguir el efecto deseado, que no era ni mas ni menos que los bultos se fascinaran con los movimientos rápidos y calculados, dejando pasar la mano por la cintura de ella y bajando para recorrer sus piernas en escandaloso recital de posturas.
La cogió de la mano y le susurro algo al oído, los dos acompañantes se miraron y sin darse cuenta pasaron sus lenguas por los labios, como si fueran a catar el más dulce de los manjares destinado solo a dioses.
Las dos bailarinas se acercaban a la barra donde los dos humanos esperaban, ella empotro al moreno de pelo largo contra la barra lamiendo su cuello hasta llegar al lóbulo de la oreja dándole un pequeño mordisco, mientras con la mirada escrutaba al camarero que miraba incrédulo toda la escena.
La otra participante en el juego le dio un empujón al moreno y le dio la espalda moviendo el trasero de forma que el no pudo mas que dejarse hacer, toco la cintura de la mujer y en ese momento ella dio media vuelta y le agarro del cuello estirando hacia arriba dejando al descubierto el pecho del acompañante y de un tirón rompió los botones de la camisa.
La primera de las dos mujeres, la reina de espadas, agarro de la corbata al hombre y lo llevó casi arrastras hasta uno de los sofás que para buen uso estaban en los laterales de la pista, lo sentó y se coloco a horcajadas encima, cogiendo las manos del muchacho las llevó a su trasero y empezó a moverse descaradamente como si del mismo coito se tratara.
La reina de copas ahora estaba quitando la camisa del hombre, dejando sus uñas marcadas en la espalda del inocente muchacho, ella se sentó encima de la barra y atrajo a su pecho la cabeza del hombre, dejando de respirara el aroma de rosas que aquella noche tocaba.
Recogieron las prendas del ropero y se encaminaron al coche, mientras los dos bultos las seguían a paso forzado por el parquin atestado de Seat y Citroen, llegando al coche, la reina de espadas, cedió la llave de su coche al muchacho y se sentó en la parte de atrás con su amiga, la reina de copas, mientras en la parte de adelante los dos hombres esperaban y preguntaban donde se dirigían y solo una frase salio de la boca de la reina de copas.
- Sige el recorrido del navegador, allí tendréis la sorpresa final.
Las conversaciones en la parte de adelante eran risueñas y un tanto estúpidas, mientras en la parte trasera del vehículo las dos reinas esperaban llegar al lugar lo antes posible.
5:00 Horas antes desde un ciber bar:
Reina de copas: Reina de copas busca acompañante para esta noche, morena ojos marrones, no me gustan los niños y no quiero que me doren la oreja, solo busco sexo.
Renaldo: donde estas?
Reina de copas: Eso no te importa, donde paso a recogerte?
Renaldo: vivo en el centro, en la glorieta de los Ángeles.
Reina de copas: Bien, a las 12 estaré con una amiga en la esquina de la arboleda, tráete un amigo, ella es pelirroja, ojos negros y como yo no necesita precalentamientos.
Renaldo: pero no me vas a decir tu nombre? quiero decir tu nombre real?
Reina de copas: No necesitas saber mi nombre, solo ven preparado y tu amigo también.
Renaldo: bien allí estaré, en la esquina de la arboleda a las 12 en punto, estoy deseando conocerte, hasta ahora.
Renaldo: de donde eres?
Reina de copas: No quieres saber de donde soy, solo quiero una cosa de ti. ¿Estas de acuerdo o me busco a otros?
Renaldo: si estoy de acuerdo, a las 12 eh, alli estaremos.
Renaldo: como nos reconoceremos?
Renaldo: hola?
Renaldo: bueno, nosotros iremos yo con una camisa azul y mi amigo con una negra, ok?
Renaldo: supongo que te as desconectado, encantado de conocerte Reina de copas.
Siguieron las indicaciones del navegador que los llevo a una carretera apartada de la ciudad, allí la maquina no indico nada más.
- que hago ahora?
- Ahora aparca y pon la música a todo volumen.
Los chicos bajaron del coche y abrieron las puertas traseras.
- ¿No me vas a decir como te llamas?
- No necesitas saberlo.
- Pero.
- Te repito que no lo necesitas, ahora tu amigo o tu vais a . . .
- ¿A que?
- A morir. Y mi amiga y yo hemos decidido que seas tu, no te lo tomes a mal es que el esta mucho mas bueno que tu.
Una sonrisa nerviosa se le escapo de los dientes al muchacho mientras ella le asía del cuello, y con la otra mano tapaba su boca. Con un movimiento rápido rompió el cuello del hombre y lo deslizo en a los asientos de atrás. Mientras en el otro lado del coche.
- ¿Tú eres la reina de espadas?
- Si.
- ¿Pero como te llamas en realidad?
- Te contestare cuando te de caza.
- ¿Como?
- Corre, te damos 3 minutos para que encuentres un lugar seguro, de lo contrario te pasara lo mismo que a tu amigo, o puede que peor.
- ¿De que estas hablando?
Dentro del coche estaba su amigo, destripado por una daga que todavía estaba hendida en el pecho. Con la cara desencajada emitió un grito que resonó valle abajo, el hombre corrió por la carretera, como alma que lleva el diablo.
- Que fácil es encontrar humanos idiotas.
- Si, y este se llama Romeo. ¿Tu te crees? Como si fuera el de Julieta.
- ¿Buen cuanto a pasado?
- Nena, solo un minuto.
- Joder Lilit. No se por que tanto espectáculo, si no tiene ninguna posibilidad.
- Lo se pero me gusta ver su cara de pánico cuando nos ve aparecer en su espalda.
- Desde luego te encanta, y para que mentir, a mi también.
- Y no uses la daga Erzsebet, si dejas marcas puede que la policía no crea que los ataco un animal.
- A. ¿Pero es que somos humanos?
- Yo no he dicho eso, solo que. . . Bueno haz lo que te plazca pero recuerda que el cuello de este es mío.

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