lunes, 31 de enero de 2011

Desvelado por tu develo.

Todo se resuelve olvidando, borrando pasajes de tu vida en los que no quieres hacer ahínco, pero que por desgracia tu puto inconsciente te delata y no puedes dejar de pensar, o hacer cosas que jamás harías, de son ser por que como ser humano  y para satisfacción de quien no juega en la liga del amor, del cariño, o del simple deseo.

Porque en ciertos momentos lo único que puedes hacer, por mucho que te pese es destrozar todo lo construido y empezar de nuevo o mejor dejar que otra persona haga lo que debe sin su intromisión en tu vida.

Tu me dijiste que me querías, que no te importaba nada excepto estar comigo, que te daba igual como nos lo apañáramos pero no, las cosas no son así, yo lo ice así y me salio mal, eso no quiere decir que a ti te pasara lo mismo, excepto por la cuestión de que seria yo el otro implicado, pero claro esas cosas no se saben y no se entienden desde tu punto de vista, mi punto de vista hace tiempo.

Me duele ver como intentas tener algo con alguien como yo, pero no, no soy mas que otro jilipollas mas, un tipo al que han hecho daño y por consiguiente ahora lo que desea es hacer daño y como no, no pienso hacértelo a ti, tu todavía tienes muchas cosas por delante mas de las que imaginas, mas de las que te puedo ofrecer en este momento.

¿Porque te dije que pasáramos el fin de semana juntos? ¿Por qué no me metí la lengua en el culo?

Piensa en el futuro con un tío que no sabe amar, que no piensa mas que en si mismo, que no sabe querer. Yo solo pienso en mi y en mis amigos, no espero que nadie ni siquiera mi mas mejor amigo me entienda solo estoy y intento que todo valla bien, pero solo eso como amigo, que no se puede esperar mas que un poco mas que de alguien de la calle. Pero no mis amigos son pocos y deseo que sean felices por eso es mejor tenerme solo como amigo.

Y ahora esto suena a . . . “No es por ti, es por mi” o a “Prefiero tenerte como amigo” pero no es así, es que paso de hacerte daño. Se que ahora todo lo que te diga te lo pasaras por el forro y que me odiaras, o no depende de lo que entiendas en esta carta, yo lo seria, pero no puedo hacer nada solo esperar a que algún día puedas verme como un amigo y no como un tío con el que pasar el resto de tu vida.

En definitiva no se como decir que llegaste en un momento en el que no podía ofrecerte nada, excepto sexo, que a fin de cuentas en lo único que se que hago bien. Pero ten fe en que quizá después de años, unas hostias contra el suelo y algún que otro traspiés, madure lo suficiente, “al sol, como los melones”, como reza un video que una vez  ví en Internet.

De todos modos, si para que pases pagina necesitas odiarme, ódiame, si lo que necesitas es estar solo, hazlo y si lo que necesitas es follarte a mil tíos, tienes todo mi respeto pues es lo que yo hice, no se si es la mejor obcion, o la peor, o una sin mas, pero es la que yo elegí, cosa que no dice muy buena cosa sobre mi, follarse a 263 tios en un año no es aconsejable ni para mi ni para ti ni para nadie, pero como ya he dicho es la opción que yo escogí y no me arrepiento de haber tomado ese camino solo que ahora tengo que serenarme, ser mas hábil y fuerte, no dejar que me afecten las cosas pasadas, las malas experiencias y los, “como tu estarás pensado de mi”, jilipollas me hagan ir i venir como un puto yo-yo, también tengo que decirte que no fue mi intención que te enamoraras, te pillaras con un solo fin de semana, yo no soy capaz de hacerlo pero, después de conocerte me he dado cuenta de que es posible, por que se que dentro de ti no tienes maldad, quizá con el tiempo sepas ser mas frío, mas sibilino y no te permitas querer a nadie que es lo que yo hago, es la forma de no sufrir, pero ten en cuenta que tampoco vivirás todas esas cosas bonitas que deja pasar dos noches seguidas con la misma persona.

Entiendo que me odies, que no quieras verme, que desees tocarme y que besarme sea un placer supremo, por que todo eso lo sentí yo antes que tu, no quiero decir que seas un crío no quiero decir que seas tonto, es que el dichoso amor nos hace ser y pensar cosas, que por mala baba de quien lo inventara nos hace hacer, ser y pensar estupideces.

Ahora lo tengo un poco claro, prostituirse, durante una temporada no esta mal, conoces mundo, espabilas, te das hostias, no tan fatales como las del puto amor, piensas en lo que dejas atrás, la familia, los amigos y tu tierra, pero que coño, así también tienes tiempo de pensar lejos de mi que no esta mal.

Pensándolo bien, espero que entiendas todo esto, que a fin de cuentas son mis tonterías, pero por encima de todo, espero que me concedas ser tu amigo, que es lo que me interesa, un lugar en tu vida en el que no pueda hacerte daño, con eso del amor y desde el que pueda ver como prosperas y creces, te conviertes en un hombre del que pueda ser escudero cuando me necesite y no un tío del que en mis memorias escribiré, como tu un día dijiste, “El tío que me acoso”, que valla tela te cortaste esa noche nene, que vales para lago mas que para follar, que no te mereces ser un objeto de usar y tirar, que eso lo puedo hacer con muchos, de hecho lo hago, pero no quiero eso para ti. Asíque por favor, respira, no corras, no te menosprecies y por lo que mas quieras, busca algo mejor que lo que yo solo te ofrecería una noche.

domingo, 30 de enero de 2011

Puente de la Puerta Dorada


Llega un momento en tu vida que reflexionas sobre, lo rápido que pasa, lo corta que es, el poco tiempo que tienes, . . .



Cuanto eres un niño, si un niño unos seis años pasar por el puente de tu pueblo camino de la casa de tu abuela te parece un gran logo. Pides permiso a tu madre, te pones los deportivos, pues viene siendo un kilómetro, siendo la mayor distancia que piensas que puedes recorrer tu solo y te coges el camino por el que has ido toda la vida, por el que tu madre te llevo de la mano y te sentiste protegido.

Caminas por las calles, escuchando ruidos que jamás te fijaste ni diste cuenta de ellos, pues al lado de tu madre no puede pasarte nada malo, cruzas la carretera mirando cien veces a cada lado, con mas cuidado que nunca.

Sigues la calle paralela al río, todavía sin asfaltar, con cuidado de no pisar los charcos de la lluvia del día anterior, fijándote en la rana inmensa que se escabulle por el reguero, dejando un surco de barro revuelto en el agua.

Llegas a la pequeña casita de herramientas de uno de los vecinos, miras de nuevo el ciervo de forja que encumbra lo alto del tejado, te acercas y respiras al lado del rosal del que tu madre recogía de vez en cuando alguna rosa, para el jarrón, que dentro de tu presupuesto le regalaste en el ultimo día de la madre.

Continuas camino, y allí esta el gran puente, te acercas poco a poco, decides que es hora de pasar por primera vez por encima de el, solo, y te preguntas si estas preparado.

Das un paso y después otro, si estas encima del pavimento del puente, todo estaba encaminado, nada malo había pasado, llegue a la cuesta, la subí y allí estaba la casa de mi abuela, otro refugio tranquilo y apacible, una gran aventura para un niño de 6 años.



Creces, piensas que el mundo esta a tus pies, una vez mas, pero llega el momento en que ves, o mejor dicho, eres consciente de que te vas a la pequeña ciudad, a dieciocho kilómetros, y de nuevo pasas por un puente, mientras el autobús frena porque solo es de un carril. Este de hierro, pintado en un gris azulado, con oxido en los remaches, todavía recuerdo ese momento, derivaron el puente hace poco, ahora no es lo mismo, de hecho después de la tercera vez que pase solo ya me sentía el rey de la pequeña ciudad.

Pero me estoy remontando unos veinte minutos, empezare por cuando de nuevo pones tus deportivos y te despides de tu madre, coges la mochila con la toalla, las gafas y todo lo que te dijeron que necesitabas para el cursillo de natación, puf que nervios, la primera vez que tu, bueno acompañado de los amigos del pueblo, pero solo al fin y al cabo.

Esperas el autobús, nervioso con el frío de una mañana de verano, haciendo cabalas sobre que y como seria la piscina, quien nos daría clase . . .  con diez años todo es nuevo fuera de tu pueblo, y entonces lo vi el imponente puente de hierro, gris azulado, con el oxido en los remaches, grande y esplendoroso, como nunca antes lo avías mirado antes, los segundo que el bus estuvo quieto, esperando que el coche con preferencia pasara, fueron eternos, ni siquiera comparable al pequeño puente de mi pueblo, pequeño y endeble comparado con el gran armazón de metal que sujetaba mi nueva línea, que tardaría solo unos segundos en pasar. El sol asomaba por las montañas y mientras cruzábamos, las barras me cubrían la cara de los primeros rallos del día.

Unos segundos que pasaron como horas, y llegamos pasando a trabes del los edificios en el que el mas alto podía tener seis alturas, pero ya no me imponían, solo eran casa, ahora el pequeño mundo que comprendía 18 kilómetros estaba a mis pies.



Pasaron unos años y un día decides que ese mundo, reducido y ya monótono, se te queda pequeño, con quince años eres el amo y señor de tu feudo, necesitando conquistar nuevos territorios, decidiendo que podías pasar un fin de semana, en un piso con unos amigos, en la capital de tu zona, ese día los preparativos son mayores, preparas la mochila con los pantalones para salir de fiesta, la camisa, incluso llevas los zapatos de vestir que con muy buen gusto escogió tu madre. Te despides de ella como si a la más cruenta guerra te dirigieras, esperando volver en solo dos noches. El corazón desbocado cuando subes en el coche, conoces el camino, pero como te paso años antes todo lo ves con otros ojos, fijándote en cada detalle, en la hierba verde, los árboles mecidos por la brisa, las grandes rectas de la carretera, . . . todo conocido pero nuevo a la nueva situación.

Llegas pasas un par de pueblos y allí esta, un viejo nuevo puente, de hierro, más grande más largo, más imponente. De un solo carril, regulado por semáforos, y por suerte estaba en rojo para nosotros, pasados los años y sacado el carnet de conducir te das cuenta que ese semáforo, lo que hacia era retrasar los minutos de fiesta que podías disfrutar una noche, pero eso . . . es otra movida, bueno como iba contando, paramos en la entrada del puente, gris también, con corros de oxido en los tornillos, pero como dije antes imponente.

Pasamos por encima de el, con un semblante calmado, aunque mi corazón estaba desbocado, ahora solo unos kilómetros más y seria la primera vez que pasaría un fin de semana de fiesta en la gran ciudad, un nuevo territorio por explorar y del que hacerme el dueño y señor.



Pasaron años más, con diecisiete las cosas y las formas habían cambiado, pero el ansia por descubrir o mejor dicho por conquistar nuevos territorios para mi feudo, me llevo a quedar con unos amigos en Asturias, prepare la maleta, esta vez con la ropa escogida por mi, ate los deportivos y me despedí de mi madre, diez y seis años, ahora tenia que coger el bus, con un trasbordo ya estaría camino a la nueva aventura en solitario.

Saque el billete en la ventanilla y monte en el autobús, unas horas y sentiría la brisa marina en mi piel, bueno la verdad es que la brisa, el mar, y la playa no las vi, pare en Oviedo, pero ya me estoy adelantando, paso una hora, de nuevo una mole de cables y hormigón el mayor de los puentes que jamás vi, alto como una catedral gótica, esbelto, largo y fuerte a la par, era precioso, y de una vez más mi corazón se desboco, otro respiro de libertad, una plena libertada que pensé me apabullara, pero no, esta vez solo sentí como se aceleraba mi sistema circulatorio, nervios, si, pero nada que no pudiera controlar.

Pasado el puente una serie de túneles que se convertían en grandes agujeros en la roca que siempre me pregunte como seria el ser humano capaz de semejante proeza, hasta que como todo en la vida tiene su respuesta y mas siento operador de maquinaria minera móvil. . . , después de eso la noche fue una más con la consiguiente conquista de mi nuevo territorio.



Las cosas cambian, tu vida se acelera, pierdes el rumbo, te reencuentras, das y recibes, conoces gente y por cosas de la vida tu pareja vive en una ciudad marítima, al norte de España, y allí de nuevo un puente, como todos los anteriores precioso, perfecto con un semblante que dejaría pálido al más pulido de los humanos, a menos que vivas en los Ángeles claro, lo recorres con tu coche, ese compañero inseparable de todas aquellas aventuras que desde los dieciocho te dio y compartió.

Este puente más largo, más ancho. Un puente colgante, los cables, el grosor de los cables era como el de mi torso sino más. Precioso, prefecto para empezar un nuevo sueño.



Pero las cosas se acaban y dejamos la relación, volví a mi pueblo y pase por el primer puente, como antaño, a pie, y me di cuenta que por mucho que las cosas cambien siempre tienes algo que descubrir, nuevo y apasionante, y es que en no mucho tiempo cruzare el puente sobre el Bósforo o Bosphorus como se llama y quizá algún día . . . el gran Golden Gate Bridge. Allá en la bahía de San Francisco.

lunes, 24 de enero de 2011

Lo que soñé mientras me hacía el dormido


Camine por las viejas calles, empapadas por la lluvia que tanto tiempo ansié notar en mi piel, todos los bares abarrotados de gente, en plena ebullición, con gente en arremolinándose en las entradas con los toldos extendidos, apurando las ultimas caladas de los sabrosos cigarrillos.

Continué mi camino, deleitándome con viejos aromas y las nuevas formas, los jóvenes  ahora no se dedicaban a coger los cartones de vino y la coca cola, buscar un lugar y como se decía en mi época “echar unas risas” Todo había cambiado, ahora solo se dedicaban a abandonar sus casas y con solo quince años, hacían todo lo que se les pasaba por la cabeza sin pensar en las consecuencias.

Las mujeres totalmente independizadas no se molestaban en hablar con sus hijas y los hombres, como antaño, salían de su trabajo y no perdían su tiempo en explicar a sus retoños. Las cosas no habían cambiado tanto en ese tiempo, solo se aceleraron, con treinta años ya podías considerarte un carcamal.

Las cosas habían cambiado, y no, a marchas forzadas, sin tener en cuenta a los demás ni a si mismos, perdiendo la inocencia el día antes de la virginidad, todo esto en solo media decena de años.

¿Cómo el mundo no era consecuente? O al menos, ¿Cómo no lo eran con ellos mismos?

Las muñecas solo las usaban hasta los doce años como los coches de juguete solo tenían uso otro tanto, una fecha de caducidad corta para mi gusto, de este modo pasaban de jugar a mamas y papas a poder serlo sin apenas tiempo para asimilarlo.

Seguí con mi paseo, cuando me di cuenta de que algunos de los niños se giraban al verme pasar, escondiendo las drogas que en ese momento se usaban.

¿Un policía de la secreta yo? Umm. . . Si vosotros supierais . . .

Allí a lo lejos estaba el bar donde nos reuníamos, bebíamos, fumábamos. . . ahora, desde la distancia podía ver algunas caras conocidas rodeadas de niños.

Recorrí la distancia a paso rápido, no se si por los nervios o por que mi mente inconscientemente decidió que mi cabeza no podía absorber mas agua de lluvia.

Había sido una buena idea. Todo me dijeron que si, que acudirían. Yo pensé y desee que aun que solo fuera por una noche todo volviera a ser lo mismo, quizá con menos pelo en la azotea, pero esperaba que todo fuera igual.

Entre en el bar tras saludar a algún que otro viejo conocido y compañero, di unos pasos y allí, en el fondo del local, al fondo de la barra, como años atrás, allí se encontraban tomando unas cervezas. Los amigos que nunca perdí, pero que no encontraba hacia tanto tiempo.

El olor del bar no era el mismo, ahora no se podía fumar, los pósters de grupos habían cambiado, la barra nueva y lustrosa, pero la esencia allí estaba intacta.

-Un Red Bull, cacho carne.- Grite al camarero.

. . .

miércoles, 19 de enero de 2011

Breogam, El inmortal.


Solo si realmente quieres serlo lo serás.

Eso dijo mi maestro antes de dejarme solo en este mundo. Y creo que ahora se a lo que se refería.

Todo empezó cuando Noemí murió. Fue el principio por el que yo conseguí ser lo que soy y sentir lo que siento.

Ser un  Malache habbalah no es plato de gusto, siempre puede que tu propio hermano te apuñale por la espalda, por eso solemos ser seres solitarios.
Solo una vez en la vida había sentido el horror de ver a un ser humano muerto, Noemí mi esposa, o mejor dicho, mi futura esposa, esto ocurrió hace 36 años y desde entonces busco venganza de todo aquel que a sido maltratado, humillado o herido.

Solo si eres de corazón puro o un autentico siervo de Satán uno de mis hermanos  se dignara a aparecer ante ti. Eso si, siempre te pedirá algo a cambio o bien riquezas o quizá que te unas a las facciones a las que jure lealtad.

Noemí murió por un accidente de tráfico. Fue la noche en la que le pedí matrimonio.

Esa noche fue la más maravillosa de mi vida y la más horrible también.
Salimos de aquel restaurante. Estaba justo enfrente de la catedral de estilo gótico que a ella tanto le gustaba. Siempre se sintió atraída por esas cosas que yo no entendía.

Cogimos mi coche para ir a un piso que tenía alquilado. Ella era la hija del casero. De una familia rica y acomodada de la época, yo un simple trabajador en una de las muchas fabricas de materiales de construcción de la ciudad. Algo que a sus padres no les hizo mucha gracia, pero que aceptaron de mala gana.

Tras recorrer un trecho de la calle principal, un hombre, se estrelló contra nuestro coche. Noemí murió en el impacto y aquel hombre también. Yo tuve la oportunidad de vivir.

De las dos semanas que pasé en el hospital, sólo recuerdo estar en un lugar con luz azulada que se fundía con seres que me rodeaban. Mas tarde supe que eran malache habbalah. Desperté de aquel sopor en una cama de hospital. No recordaba nada del accidente, sólo el golpe, y todavía no entendía como había pasado.

Me contaron todo lo que ocurrió. Como el hombre se saltó el stop, me embistió. Como murió Noemí…

Estuve en tratamiento durante mucho tiempo. En el, me preguntaron cientos de veces si recordaba haber hecho algo desde el golpe hasta que quede inconsciente. Yo no recordaba nada y sobreviniéndome entonces un gran dolor de cabeza.

En los sueños que tuve durante una gran temporada se veían hombres andrógenos con cabellos largos y muy bellos y unas bestias en ocasiones con formas humanas y otras con formas horrendas y retorcidas.

Durante ese tiempo no pude contarle nada a nadie sobre mis visiones. Sólo tenía ganas de matar, destruir, humillar, . . No era humanamente posible sentir mas odio por aquel hombre que mato a mi linda Noemí, el amor de mi vida. Si lo hubiera tenido a mi alcance lo hubiera matado sin dudar. Un accidente es algo cruel siempre, pero que fuera por un hombre borracho el que había estampado su coche asesinando mis sueños… Eso no lo podía perdonar.

Una noche tuve un sueño extraño que me rebelo lo que seria mi futuro.
El sueño era inquietante. Un chico joven, de pelo rojizo y vestido con unos jirones de tela roja luchaba con un hombre maduro vestido como un noble de época, su piel era de un color azul, mortecino. La lucha duraría años y años  y ninguno haría el mínimo gesto de retirarse o rendirse a su oponente. Por otro lado, en el mismo campo de batalla había un hombre de avanzada edad enfundado en una armadura verde y dorada con una túnica  mas oscura cubriendo su pecho y piernas, echaba un pulso con un ser espeluznante que parecía consumido y miraba a todas partes con rostros situados en la nuca y  los lados de la cabeza, estaba desnudo y sus extremidades parecían enclenques, pero no se rendía ante aquel anciano.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           Detrás de ellos, un hombre con el pelo largo, azabache, con una diadema dorada, unas hombreras del mismo color y una tunica amarillenta se enfrentaba a una mujer  bellísima. Se retorcían y retozaban en el suelo como perras rabiosas. Cuando miré a mi espalda vi a un chico de corta edad con armadura plateada y una tunica gris perla, que le cubría hasta los tobillos, lidiando con un humanoide rojizo, con grandes alas de murciélago y unos cuernos que recordaban a un ciervo.

A uno de los lados dos  hombres, uno esbelto y de buena apariencia, el otro con ropajes estrambóticos. Discutían acaloradamente, pero no supe que se estaban diciendo.

Al otro lado dos humanos, uno de ellos con cabellos rubios y largos que caían por su espalda, portando una espada enorme y el otro con una armadura de metal y un espadón casi tan largo como el, estaban luchado sin tregua haciendo estallar sus espadas con cada golpe.

Cuando miré hacia arriba vi un hombre moreno que me miraba fijamente. Tenía una corona y una espada de un tamaño considerable, y como antagónico un humano rubio, de mirada retorcida, que parecía escrutar todo mi ser  reía con una sonrisa sepulcral. Intenté moverme hacia el joven con pelo largo y negro que fue el que aparentaba más tranquilidad, pero era como si mi cuerpo estuviera inerte. No necesitaba respirar, ni siquiera mi corazón bombeaba la sangre que supuestamente corría por mis venas. Me sentía impotente ante aquellos seres que luchaban sin descanso envueltos en una espiral de muerte.
No sabría decir el tiempo que pasó desde el momento en que abrí los ojos hasta el momento en que tres hombres se acercaron a mí y con una voz sepulcral con un tizne misterioso se metieron en mi mente. Sin mover los labios me dieron la noticia de mi destino. Sólo yo tendría el poder de decidir el sino  de mi vida o de mi no muerte en las manos. Sentir miedo, temor, sería lo mas normal en este caso, pero yo sentí poder, desenfreno, odio y también piedad por los que se cruzaran en mi camino.

La noche siguiente, en mis sueños apareció el chiquillo pelirrojo de la noche anterior, con un par de alas resplandecientes y los mismo jirones rojos como única vestimenta. Se acercó sacudiendo las alas y doblándolas sobre  su espalda de una manera en la que todavía podían verse, doblándole la altura. Se acercó a mi oído derecho y me susurró dulcemente unas palabras que se referían a  mi mejor amigo. El se sentía solo. Yo podría verlo una vez más, pero en tal caso, sería el responsable de su destino.

Por la mañana  Raúl vino a visitarme al hospital, pero no quise verlo. No podía permitir que a el le pasara lo mismo que a Noemí. No podría sentirme mas decepcionado con esta vida que me tocaba vivir. Cuando salí del hospital Raúl  no quiso saber mas de mi, y no lo culpo. Hablé con la enfermera y le dije que a le culpaba de la muerte de mi prometida. Llegué a confiar muchísimo en ella, la apreciaba como una hermana. A fin de cuentas, había logrado mi propósito, había perdido el contacto Raúl.

Una vez salí del hospital continué teniendo sueños de la misma índole, pero cada vez se esclarecía mas mi destino llevándome a una desafortunada conclusión, una elucubración de mi mente que me hacía verme como a un ser inmortal.

Traté de quitarme la vida tantas veces que ya ni tan siquiera lo recuerdo, sin sentir el mas mínimo mal estar al ingerir cualquiera de los botes de pastillas que engullí, o un ápice de dolor al romperme los huesos en cualquiera de las veces en las que me arrojé por desniveles que hubieran matado a cualquier ser humano.

Cuando me percaté de lo ocurrido en el accidente fue una revelación para mi mente perturbada. Los sueños ahora parecían adquirir un abstracto sentido, pese a que en mi interior siempre lo tuvieron.

Una noche como todas las anteriores en las que no pude dormir apareció ante mi un arcángel, Miguel,  el mayor y mas poderoso de ellos me dio las claves que necesitaba.

Me explicó en lo que me había convertido y me dijo que de ahora en adelante debía ser un ser imparcial. Yo y sólo yo tenía le deber de escoger a quien rendiría pleitesía de ahora en adelante y a quien haría los “favores”. Después de esto solo necesitaba saber cual era la situación de cada una de las dos partes del conflicto.

Después de hablar con el arcángel lo que deseaba era descubrir mis poderes, sin restricción utilizándolos solo por puro placer.

El primero que descubrí era el de ver el futuro inmediato y así descubrí el resto de mis poderes que de no ser por un ansia difícil de revocar me impedirían matar a cualquier hombre que se interpusiera entre mis manos y a quien se mereciera la muerte mas cruel que se me ocurriera en ese momento.

Tuve la ocasión de comprobarlo esa misma noche. Un hombre de unos 25 años caminaba dando tumbos por la calle. Acto seguido cogió su coche no antes de hacer unas cuantas maniobras chocando contra el que estaba estacionado delante y el de atrás. Minutos después consiguió sacar el suyo. Condujo unos quinientos metros, y finalmente se estrelló contra un escaparate de un videoclub. Yo ví esto desde una azotea de un piso cercano donde me encontraba por un extraño sentido que me llamaba a estar allí. Me incorporé y de un salto estaba en pie en la calle. Antes de que a nadie le hubiera dado tiempo a acercarse yo ya estaba al lado del coche siniestrado. Vi al hombre maltrecho tratando de pedir auxilio, estaba grave, pero no hice el mas mínimo esfuerzo por ayudarle. Solo dejé mi mano sobre su frente y mientras a el se le apagaba la chispa de la vida en el pecho yo sentí todos sus crímenes. Aquel ser que tenia ante mi había matado a una mujer el día anterior, tras violarla. Esta imagen se proyectó en mi cabeza como si yo mismo hubiera sido el hacedor de semejante barbarie. Ese individuo la había raptado en una parada de autobús, en una  calle céntrica. La había arrastrado a un portal y una vez hubo acabado su acto miserable, que le hizo sentir poderoso y superior, con una crudeza digna de un animal salvaje, asestó tres puñaladas a aquella mujer, que no pudo defenderse. Tras sufrir la agresión su cuerpo callo a los pies del asesino como el hacia el en este momento ante mi. Así descubrí el último de mis poderes, solo con tocar a una persona podía matarla pero había algo que me hacia sentir mal. Una vez muerta mi victima notaba como la chispa vital se extinguía y pasaba a mi cuerpo. Me sentí vivo otra vez. La primera vez desde la muerte de mi amor.

La vida transcurría pero yo no necesitaba de los bienes materiales. Solo paseaba viendo a la gente en la calle y si encontraba a alguien que mereciera morir yo y solo yo era su jurado y verdugo.

Un tiempo después Miguel se presentó de nuevo ante mi. Esta vez como un hombre con tres pares de alas que no recogió en ningún momento. Me dijo que ya sabía que tenia que decidir sobre si acudiría a sentarme a la derecha del padre o por el contrario seria uno de los esbirros del señor del averno. Le di la espalda y le hice una pregunta. ¿Por qué Dios dejo morir a un ser tan puro como Noemí? El contesto: <<Solo el sabe. Nuestra labor no es preguntar sino seguir sus designios>> No lo dejé terminar solo empecé a caminar y el guardó silencio.

Esa noche salí a cazar, pues siempre encuentras a un humano que merece la muerte.  En la que aparece lo más oscuro de los hombres en sus ojos.

Necesitaba tomar algo que me refrescara por dentro, que aunque no lo necesitaba, siempre notas como el frío recorre todo tu interior. En aquel bar lleno de hombres vi muchos que se creían superiores a los demás, otros solo deseaban su ración de sexo y otros solo estaban allí para pasar un rato con los amigos. Pero uno en particular me llamo la atención. No supe por qué hasta que no me acerqué lo suficiente. Era un tipo alto con media melena y guapo. Cualquier hombre o mujer se sentiría atraído por el. De hecho tenia a varios tipos a su alrededor esperando el turno para poder llevárselo a la cama. El solo sonreía pero yo ya sabia lo que el estaba buscando, lo vi en sus ojos azules a la vista, pero negros como el ónix vistos con los ojos del alma. Tenía que darle su merecido.

Cruce el bar con paso firme. Todos me dejaron recorrer la distancia que nos separaba, incluso les gustó separarse para dejarme atravesarla, pues yo también era un tipo guapo.


 Muchos se fijaron en mi pero mi objetivo era el tipo del fondo de la barra. Me acerque y como si de un sexto sentido se tratara le dije justo lo que deseaba escuchar. Le prometí la noche mas apasionada lujuriosa y sucia de su vida. Y salí del bar. Me apoyé en una esquina de la fachada y el no tardo ni cinco minutos en salir por la puerta. Sabía lo que deseaba y no era sexo era algo mas sucio y depravado. Nos fuimos a su casa. Vivía en un piso minimalista nada mas entrar por la puerta me desabrochó el cinturón y me sonrió con un gesto me condujo directamente a su habitación. Yo deslicé mi cinturón hasta que me deshice de el. Le propuse un juego. Acepto. Cogí mi propia camisa y la hice jirones, sensualmente le empujé hacia la cama. El, con una sonrisa de satisfacción y seguridad se dejó atar la muñeca derecha y deslizándome sobre el le ate la mano izquierda. Sentado a horcajadas sobre su cintura le pregunté si le gustaba, me respondió que nunca lo había probado. Era mentira. Si lo hizo pero siempre fue él el que ataba a sus victimas. Baje hasta sus tobillos y los ate a las patas de la cama con otros dos jirones de tela de mi camisa. No se podía mover, y aunque no era problema pues yo solo con un golpe podría matarlo, mi propósito era que probara de su misma maldad. Rasgué sus pantalones mientras el se excitaba mas y mas por momentos. Tenía el cinturón enroscado en mi antebrazo y con sus mismos pantalones le hice una mordaza. Ahora era el momento no podía ofrecer resistencia. Creo que en ese instante vio lo que mis ojos estaban deseando. Entonces su cara cambio y se descompuso. Tomé uno de sus juguetes que por su propia iniciativa estaban colocados en la mesilla de noche. Y de un solo empujón se lo introduje asta el fondo de su ser. Estaba sufriendo eso era lo que yo deseaba. Después de mi regocijo viendo su cara de tipo guapo reducida a un puñado de sollozos, tomé otro de sus juguetes y sin retirar el anterior lo metí haciendo mas presión para que los dos entraran en el interior. En ese momento su gesto era inhumano descoyuntado por el dolor. Pero mi ser quería mas venganza me dirigí al baño donde cogí un paquete de cuchillas de afeitar de un estante. Volví a la habitación, al verme entrar en ella se retorció como si del mismo señor del infierno intentara escapar. Tras rasgar su pecho y piernas con una de ellas me dispuse a utilizar el resto y se las introduje como hice con los dildos. Cuando estuvo a punto de desmayarse del dolor le puse la mano en el pecho. Y note como su vida se extinguía. Aquel hombre que no sabía por qué merecía el castigo, tenía más de pecador que cualquier prostituta. Su existencia la había consagrado a contagiar a los que eran como el con el virus del sida. Ese fue su pecado el que yo no supe hasta que le robe la vida.

Cada mañana me sentaba en un café y repasaba los sucesos. Era curioso, hasta hace no mucho ya no sólo los leía, ahora los firmaba en primera persona. Je, je, je... Era estimulante.

Sueño de una noche de verano.


Estuvieron toda la noche hablando de hadas y de ciencias, de cómo era imposible que existieran, de que no podía existir nada que no se explicara con matemáticas. Pero ella creía que existían, que solo tenias que creer y quizá las vieras, detrás de un árbol o descansando en una roca de ribera.

La dejo en su casa de veraneo y emprendió camino a su pueblo, no trascurrió mucho trecho cuando a la salida del pueblo hizo un paréntesis. Bajo del coche y se alejo unos pasos, los suficientes para estar a salvo de algún loco del volante, descuidando los animales que pudiera haber en los márgenes de la carretera, no temía a nadie ni a nada excepto a los bichos sin pelo, como el decía.




Cuando termino se encamino a las luces de su coche, en ese momento algo lo golpeo en la nuca y callo inconsciente en el suelo.

Los vapuleos lo despertaron de su sueño obligado, con un dolor en la nuca y viendo el mundo en sombras descubrió que le estaba arrastrando, atado de pies y manos no podía hacer nada por librarse y puede que los agresores le propinaran otro golpe si lo intentaba, después de pensar esto solo le quedaba esperar en que terminaría la agresión.

En el camino vio luces en algunos árboles y partes de la senda que recorrían. Los que le transportaban hablaban un idioma extraño, nada parecido a lo que había escuchado antes y parecían bajos como encorvados.

Después de un buen trecho dejaron de caminar y vio una luz verdosa entre dos grandes nogales, los engendros se alejaron e internaron en las sombras del bosque, que en ese momento se movía como si todo el hubiera cobrado vida.

La luz verdosa aumento y una silueta se dejo entrever, poco a poco se acercaba a el y las ramas de los árboles se llenaban de pequeñas luces de millones de colores que llegaban de todas partes, en el suelo el movimiento era frenético, miles de seres de todos tamaños y colores caminaban por los lindes del claro en el que lo habían dejado.

Una voz esta vez clara y serena rompió el silencio;

-          No puedes hacer que deje de creer en las hadas.

Otra voz esta más ruda y sebera siguió a la anterior;

-          Ni en el resto de nosotros.

Esta voz vino de uno de los laterales, el humano miro y vio como un ser verde se acercaba con paso firme y decidido al claro. La respiración se le entrecorto y no hizo nada por zafarse de sus ataduras debido al pánico.

De la luz salio un ser precioso de tamaño pequeño y con la tez blanca como el mármol, en su espalda dos alas como las de una mariposa emitían una luz tenue que iluminaba todo a su alrededor.

-          ¿Quien eres tú para mancillar a la reina del bosque, a la reina de los riachuelos  y cuevas?

-          Yo no he mancillado nada.- Solo estas palabras salieron de su boca.

-          No hables, no puedes decir nada para salvarte, ahora el rey troll del reino de la roca hará que jamás vuelvas a maltratar los sentimientos de mi dama.

La figura se acerco más al humano y le sostuvo la cabeza en alto, los ojos del llamado rey se clavaron en los del intruso y después de un rato dicto sentencia.

-     Te condeno a ver el mundo a trabes de sus ojos.

El monstruo verde se acerco y poso su mano sobre el hombre arrastrándolo a un agujero en la tierra, después de un rato intentando liberarse de sus ataduras, el troll acerco a su nariz una bolsa y el muchacho callo de nuevo en un sueño profundo.




-          Sebastian, Sebastian, estás bien, Sebastian despierta.

Las palabras despertaron al hombre.

-          ¿Si?

-     Tu coche se salio de la carretera y . . . bueno, has perdido la vista, los cristales del parabrisas. . .

Le parecía imposible. ¿Entonces todo lo que le había pasado, solo fue un sueño? fuera como fuera quería escuchar la voz de ella, la que en todo momento le proporcionaría los colores las formas de todo cuanto le rodeara, a partir de entonces vería el mundo a trabes de los ojos del hada del bosque, la ninfa de los riachuelos y la reina de las montañas.

miércoles, 5 de enero de 2011

Noche de Reyes

En esta primera noche de Reyes juntos te hago este regalo, ya que la aduana japonesa no quiere que te llegue el otro.
Te aventuro aventuras y desventuras, relatos y cuentos, poesía rimante y "de la que no". Incluso te aventuro arte, críticas a artistas clásicos e incluso de los que usan líneas y puntos para expresarse... Letras amor, muchas letras de las que mueven tanto tripas como corazón.

Lugar de sueños este, de hadas y niños que no quieren crecer.

Países que sólo visitaremos los que podemos y queremos creer en ellos.

Te quiero.

Mimi.