La mañana, junto con el resto del
mes, se presentaban aburridos. Morrison estaba de vacaciones, y Dante estaba
seguro de que pasaría un mes sin trabajo.
Se levantó del sofá donde durmió
toda la noche. Recogió la gabardina de la silla y se encamino a su tienda de
helados preferida, dejando atrás el Devil May cry.
-Buenos días Dante- la camarera
se acercó sobre sus patines, con la copa de helado de fresa en la bandeja.
-Hola- respondió con un tono
cansado.
-Espera un segundo- dijo la
chica.- ¿No preferirías un café?
-¿Desde cuando yo, tomo café?-
respondió sin levantar la vista de la copa de helado.
-Esta bien Dante, era solo una
sugerencia.- respondió la chica mientras rodaba ya por el pasillo.
-Yo tomare ese café- dijo un
hombre situado a un par de mesas.- ¿Dante? ¿Verdad?
-¿Quién quiere saberlo?- pregunto
Dante.
-Soy yo, tu viejo amigo. ¿Es que
ya no me recuerdas?- comento el desconocido acercándose a la mesa.
-Pues no. Y es más me da la
sensación, de que podemos ser muchas cosas menos amigos.
-Te sorprendería como han
cambiado las cosas en el infierno.
-¿Y eso a mí que me importa?- le
espeto Date, mientras hincaba la cuchara en el helado de fresa.
El desconocido, tomo asiento
enfrente de Dante, y cogiendo la taza dio un gran sorbo.
-Solo eso, no me extraña que no
me recuerdes- hizo una pausa para dar otro trago de café.- Que rico esta. Bueno
a lo que íbamos.
-Me estas aburriendo. Si es un
trabajo no me interesa. Estoy de vacaciones.
-Um. . .- el hombre apuro otro
trago.- Eso no le importa a nadie. O. . . ¿A caso crees que el mal y el bien,
se toman vacaciones?
-¿Por qué no me dejáis en paz?
¿Es que no podéis vivir sin mí?
-Sabes hijo de Eparda, que eres
de los pocos híbridos que han sobrevivido. Eres más importante de lo que crees.
-Paso- interrumpió Dante al
hombre.- Me aburres.
En ese momento Dante se levanto
de la mesa y camino hacia la puerta.
-Dante.
-No, aquí no. Nos veremos esta
noche en la azotea del Devil May Cry.- Cerró la puerta tras él y se alejó calle
a bajo, tarareando una canción.
-Esta noche. Esta noche nos
veremos las verdaderas caras al fin- murmuro el hombre dando otro trago.
-¿Dante? ¿Es usted el famoso caza
demonios?- la chica se inclino sobre la mesa, dejando ver parte de sus
encantos.
-¿Si?- contesto con desden,
colocando los pies sobre la mesa para estar mas cómodo.
-Vera. Yo, quiero que me libre de
un demonio.
-Señorita, no me encargo de
duendes, ni de esos bichos.
-Pero. . . no es un duende-
inquirió la muchacha.- Es un demonio, estoy segura. Me dijeron que usted. . .
-Le repito, que no trabajo con
duendes.
-Esta bien- termino la mujer, y
dando un portazo salio del Devil May Cry.
Sin más explicación, se levantó
de la silla y se recostó en el sofá, esperado que llegara la noche y su
enfrentamiento, con el extraño hombre de la heladería.
Durmió durante unas horas,
acompañado de pasadillas de pasadas batallas. Finalmente, despertó cuando se
escucho la puerta. Abrió un ojo y diviso al extraño que , esperaba en al
entrada.
-Buenos días Dante- saludó la
mujer.- Espero no molestar.
-Tranquila, por entrar no
molestas- dijo dante.
-Vera, se que tiene una cita esta
noche- la voz de la mujer era un bello susurro.
-Y. . . ¿Qué tiene que ver
contigo? ¿Es que deseas un trío?
-No señor. Lo que le pido es que
no acuda a la mencionada cita.
-Sigo sin entender que problema
tienes en que acuda.
-¿Es usted siempre así?- pregunto
la mujer.
-No, solo si estoy de buen humor.
- Si no esta dispuesto ha hacerlo
por su propio bien, quizá, un donativo como este, le convenza de lo contrario-
la mujer posó un cheque sobre la mesa al alcance de Date.
-Lo siento. No me gusta faltar a
mis citas- la respuesta fue tajante sin mirar la cifra.
La mujer se alejo, dejando tras
de si un aura que Dante no alcanzaba a descifrar.
Dante estaba seguro que ese día,
era uno de esos días, de los que es mejor quedarse durmiendo en la cama. Cerro
los ojos, todavía le quedaban un par de horas hasta que anocheciera.
-Toc, Toc- unos golpes en la
puerta, y de nuevo alguien interrumpiendo su siesta.
-No queremos nada- contesto.
La puerta se abrió, dejando
entrar un perfume conocido.
-¡Dante!- la voz coincidía con el
perfume.
Se incorporó en el sofá, miró de
nuevo después de pasar el antebrazo por los ojos, y si era ella.
Silví, era solo una niña cuando
se mudó de la ciudad, pero ahora era toda una mujer, su figura, dentro de un
traje Rojo Burdeos, dejaba entrever sus exuberantes curvas y sú falta de
dinero, a razón de metros, tela.


