jueves, 20 de septiembre de 2012

Devil May Cry 1.1.1




La mañana, junto con el resto del mes, se presentaban aburridos. Morrison estaba de vacaciones, y Dante estaba seguro de que pasaría un mes sin trabajo.
Se levantó del sofá donde durmió toda la noche. Recogió la gabardina de la silla y se encamino a su tienda de helados preferida, dejando atrás el Devil May cry.

-Buenos días Dante- la camarera se acercó sobre sus patines, con la copa de helado de fresa en la bandeja.
-Hola- respondió con un tono cansado.
-Espera un segundo- dijo la chica.- ¿No preferirías un café?
-¿Desde cuando yo, tomo café?- respondió sin levantar la vista de la copa de helado.
-Esta bien Dante, era solo una sugerencia.- respondió la chica mientras rodaba ya por el pasillo.
-Yo tomare ese café- dijo un hombre situado a un par de mesas.- ¿Dante? ¿Verdad?
-¿Quién quiere saberlo?- pregunto Dante.
-Soy yo, tu viejo amigo. ¿Es que ya no me recuerdas?- comento el desconocido acercándose a la mesa.
-Pues no. Y es más me da la sensación, de que podemos ser muchas cosas menos amigos.
-Te sorprendería como han cambiado las cosas en el infierno.
-¿Y eso a mí que me importa?- le espeto Date, mientras hincaba la cuchara en el helado de fresa.

El desconocido, tomo asiento enfrente de Dante, y cogiendo la taza dio un gran sorbo.

-Solo eso, no me extraña que no me recuerdes- hizo una pausa para dar otro trago de café.- Que rico esta. Bueno a lo que íbamos.
-Me estas aburriendo. Si es un trabajo no me interesa. Estoy de vacaciones.
-Um. . .- el hombre apuro otro trago.- Eso no le importa a nadie. O. . . ¿A caso crees que el mal y el bien, se toman vacaciones?
-¿Por qué no me dejáis en paz? ¿Es que no podéis vivir sin mí?
-Sabes hijo de Eparda, que eres de los pocos híbridos que han sobrevivido. Eres más importante de lo que crees.
-Paso- interrumpió Dante al hombre.- Me aburres.

En ese momento Dante se levanto de la mesa y camino hacia la puerta.

-Dante.
-No, aquí no. Nos veremos esta noche en la azotea del Devil May Cry.- Cerró la puerta tras él y se alejó calle a bajo, tarareando una canción.
-Esta noche. Esta noche nos veremos las verdaderas caras al fin- murmuro el hombre dando otro trago.


-¿Dante? ¿Es usted el famoso caza demonios?- la chica se inclino sobre la mesa, dejando ver parte de sus encantos.
-¿Si?- contesto con desden, colocando los pies sobre la mesa para estar mas cómodo.
-Vera. Yo, quiero que me libre de un demonio.
-Señorita, no me encargo de duendes, ni de esos bichos.
-Pero. . . no es un duende- inquirió la muchacha.- Es un demonio, estoy segura. Me dijeron que usted. . .
-Le repito, que no trabajo con duendes.
-Esta bien- termino la mujer, y dando un portazo salio del Devil May Cry.

Sin más explicación, se levantó de la silla y se recostó en el sofá, esperado que llegara la noche y su enfrentamiento, con el extraño hombre de la heladería.


Durmió durante unas horas, acompañado de pasadillas de pasadas batallas. Finalmente, despertó cuando se escucho la puerta. Abrió un ojo y diviso al extraño que , esperaba en al entrada.

-Buenos días Dante- saludó la mujer.- Espero no molestar.
-Tranquila, por entrar no molestas- dijo dante.
-Vera, se que tiene una cita esta noche- la voz de la mujer era un bello susurro.
-Y. . . ¿Qué tiene que ver contigo? ¿Es que deseas un trío?
-No señor. Lo que le pido es que no acuda a la mencionada cita.
-Sigo sin entender que problema tienes en que acuda.
-¿Es usted siempre así?- pregunto la mujer.
-No, solo si estoy de buen humor.
- Si no esta dispuesto ha hacerlo por su propio bien, quizá, un donativo como este, le convenza de lo contrario- la mujer posó un cheque sobre la mesa al alcance de Date.
-Lo siento. No me gusta faltar a mis citas- la respuesta fue tajante sin mirar la cifra.

La mujer se alejo, dejando tras de si un aura que Dante no alcanzaba a descifrar.
Dante estaba seguro que ese día, era uno de esos días, de los que es mejor quedarse durmiendo en la cama. Cerro los ojos, todavía le quedaban un par de horas hasta que anocheciera.


-Toc, Toc- unos golpes en la puerta, y de nuevo alguien interrumpiendo su siesta.
-No queremos nada- contesto.

La puerta se abrió, dejando entrar un perfume conocido.

-¡Dante!- la voz coincidía con el perfume.

Se incorporó en el sofá, miró de nuevo después de pasar el antebrazo por los ojos, y si era ella.
Silví, era solo una niña cuando se mudó de la ciudad, pero ahora era toda una mujer, su figura, dentro de un traje Rojo Burdeos, dejaba entrever sus exuberantes curvas y sú falta de dinero, a razón de metros, tela.

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