-¿Y ahora que voy a hacer?
-¿A que te refieres Nolo?
-Me a llegado una orden de desahucio, después de 4o años en
mi casa.
-¿Pero has pagado el alquiler?
-Cristóbal, eres el único amigo que me queda, tengo 83 años,
ahora me decian que tenia que cambiar el contrato, que tenia que pagar 6oo€, yo
no entiendo por que,. . .
-¿Pero has llamado a alguien? A tu hermano o a alguien.
-Mi hermano murió hace 4 años, y ya no me queda familia.
Estoy solo en este mundo, lo único que me queda es morir.
-Sabes que puedes quedarte en casa, Paulina y yo no tenemos
problema en acogerte unos meses hasta que las cosas se arreglen.
-No quiero ir a tu casa Cristóbal, quiero estar y morir en
mi casa. Allí murió mi mujer y mi hijo. Allí tengo todo lo que he conseguido en
esta vida. Es donde deseo pasar lo poco que me quede.
-Pero en caso de que no puedas, te ofrezco mi casa.
-Bueno, yo voy a hacer la cena, nos vemos mañana en el
parque y después si quieres echamos la partida.
-Claro que si hombre, hasta mañana. Cuídate.
-Hasta mañana Cristóbal.
El anciano camino hasta el portal del piso que años atrás
alquilo, cuando todavía su mujer estaba con vida y el trabajo le permitía algún
capricho como ir a la playa en el caluroso verano de la ciudad.
Apoyó la mano en el marco de la puerta y miro los buzones,
hacia tiempo que no recibía cartas que no fueran facturas que apenas alcanzaba
a entender. Tiempo atrás dio de baja el teléfono y solo tenia que pagar la luz,
gas y agua, pero ni si quiera esas las entendía ya, demasiados cambios para el.
Camino por la vieja entrada de la finca y se encontró con
uno de los nuevos vecinos, que le saludo como tantas otras veces, era un hombre
joven, en pareja con otro hombre, el no entendía como era posible que dos
hombres yacieran juntos en la cama, pero se les veía felices, como cuando el
paseaba con su esposa por el parque del centro. Aquel muchacho alguna vez el
llevo algo de cena, una especia de fideos con tomate que le encantaban, una
cosa que no recordaba el nombre pero que era italiana, con masa de pan y muchas
cosas por encima, era un buen chico, ojala hubiera tenido la oportunidad de
conocerlo mas, de entablar amistad y preguntarle por todas las cosas que no entendía
del nuevo mundo.
Agarrando la barandilla empezó a subir las escaleras, viejas
escaleras que siempre que se sentía ágil todavía cogía para subir a su piso el
primero izquierda.
Llego al rellano e hizo una breve parada. Se preguntaba
cuantas veces mas podría subir aquellas escaleras hasta su propia casa.
Busco en su bolsillo izquierdo, siempre guardaba las llaves
en el bolsillo izquierdo y la cartera en el derecho. Alguna vez le comentaron
que comprara un Mobil, uno de esos extraños aparatos de mil botones que no
llegaba a entender. Incluso una vez pregunto en una tienda del barrio, pero al
verse sobrepasado por el aparato lo dejo en el mostrador y disculpándose se dio
la vuelta y encamino al parque para pasar unas horas con los amigos.
Encontró las llaves al fin, con el pequeño llavero que su
hijo le hizo cuando todavía iba al colegio, su hijo que murió en un accidente
de tráfico y del que su mujer jamás se recupero, era un chico estudioso, bien
parecido y con inquietudes por la música.
Metió la llave en el orificio no sin problemas para ello.
-Vamos que incluso para esto me cuesta.
Le parecía increíble que ya ni las manos le respondieran
como antaño, cuando trabajaba en una carpintería, el mejor tallador de la
ciudad, desde muchos kilómetros a la redonda venían a pedirle encargos, tallas
para puertas con los escudos de la pareja que se había casado, adornos florales
para los armarios de la casa que se estaba reformando, iniciales en planchas de
madera para colocar encima de los marcos de nuevas casas, pero todo aquello ya había
pasado, ahora no podía ni meter la llave en la puerta a la primera.
Entro en casa, limpio los zapatos los coloco en el aparador
en al parte de abajo como hacia su mujer cuando llegaba cansado del trabajo,
puso las zapatillas y se encamino a la cocina. Limpio unas migas que quedaron
en la encimera de la comida y saco del frigorífico un tarro con tomate.
-Dulce palomita mía, que rica comida me hacías.
Volcó el tarro en una sartén y coloco una tapa, le gustaba
que las cosas estuvieran limpias y ordenadas, para eso su mujer era la mejor,
“Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa”, solía decir y el siempre lo
recordaba.
Camino por el pasillo y dio al interruptor del salón. Allí
era donde los recuerdos de toda su vida se exponían en miles de cuadros y porta
fotos. En la esquina cerca del televisor tenia la guitarra que tocaba su hijo,
se acercó y paso los dedos por las cuerdas dando un acorde un tanto desafinado,
nadie la había tocado desde el accidente. Prendió la televisión, un poco de
ruido le ayudaría a no pensar en el pasado.
Se apoyó en el respaldo del sofá y acto seguido se incorporo
de nuevo, el tomate tenia que estar ya listo.
En la cocaína ya estaba caliente la cena. Partió un par de
huevos y los batió. ”Sin sal. El medico te dijo sin sal.” Eso le hubiera dicho
su mujer, pero ya no estaba y una pizca de sal no le aria daño.
Termino la tortilla y la mezclo con el resto de ingrediente,
lo coloco todo en un plato y a su vez este lo coloco en la bandeja ya lista con
un baso de vino tinto. No del que compraba en la cantina cuando venia del
trabajo, ese vino ya no lo encontraba, ahora ya todo hasta la leche venia en
unos cartones, “Que mundo este, ya ni se podía ver lo que estabas comprando.”
Se encamino al salón y coloco la bandeja en la mesa.
-Valla, que cabeza, el queso.
De nuevo fue a la cocina y cogió el queso del frigorífico,
donde todavía se hallaban algunas notas de su hijo y su mujer.
(Mañana estaré en la biblioteca hasta tarde. Besos mama.)
(Arroz, plátanos, naranjas, té,. . . )
(Cariño, fui a casa de Felicitas, vuelvo pronto.)
Felicitas era una amiga del pueblo que vino a la ciudad con
ellos, y se caso con un hombre que tenia un ultramarinos.
Se dio la vuelta y dirigió al salón de nuevo.
Sentado en el sofá probo la cena, pero no era ni parecido a
lo que su dulce palomita le hacia cuando llegaba a casa.
Comió un par de bocados mas, y aparto la bandeja.
-Ni si quiera tengo el mismo apetito que antes. Hay amor mío,
como te hecho de menos.
Se quedo dormido con un programa de los que el denominaba
para dormir, un documental sobre monos en Uganda, que suponía estaba por África
o así.
Por la mañana, alguien toco al timbre de la casa, pero nadie
contesto. Forzaron la cerradura y tras dar unos pasos, encontraron al hombre en
el sofá, como dormido, se acercaron más y una voz dijo.
-Señor, venimos del juzgado. Este es el día en que se lleva
a cabo el embargo. Por favor desaloje la vivienda.
La muchacha, joven y bonita se acercó al hombre y le toco en
el hombro, la cabeza de este se deslizo a un costado y la chica grito.
-Esta muerto, esta muerto.
Grito de nuevo. Corrió por el pasillo mientras los dos
hombres uniformados llamaban a una ambulancia y otro hombre mas atrasado casi
en el pasillo cogió su Mobil y marco un numero de teléfono.
-Jefe. Ya tenemos libre el piso. El viejo a muerto. ¿Que
precio quiere que ponga en el cartel?
Foto: Ershi Lusarh.
