domingo, 25 de diciembre de 2011

Odio










Después de tanto tiempo allí estaba, esperando a su victima. Ansiándola con desesperación, oliendo su perfume como tantas veces hizo en los pasillos del instituto. Atormentándose sabiendo que la única forma de que fuera suya seria por la fuerza, pero no le importaba, necesitaba estar dentro de su cuerpo. Era la única que le dijo que no, la perfecta niña que ocupaba su tiempo entre el coro y el grupo de debate. Una preciosidad morena de ojos avellana.

Si esa seria la noche, un mes viendo y estudiando como hacerlo, un jueves, después de su ensayo en el coro seria el momento perfecto, la abordaría en el parque al lado mismo de su casa y había llegado la hora. Se escondió detrás de un árbol, le protegería de miradas indiscretas. El, el capitán del equipo de futbol, moreno de ojos verdes no podía tenerlo todo, se le resistía ella. Podía conseguir lo que deseara, sus padres se lo consentían todo, los viajes eran algo arto aburrido para el ya, nada podía saciarlo, pero ella, ella no le dijo que si, no se mostró interesada por el jamás y eso le dolía, era como si un punzón afilado entrara por su sien, revolviendo sus sesos, perdiendo el sentido.

Ahora solo tenia que esperar, sentía como se aceleraba su corazón con cada minuto que pasaba, se acercaba el momento, no seria la primera vez que violaba a alguna del instituto, o algo parecido, solo hacia falta unas cervezas con alguna pastilla de las que no era difícil conseguir para el.

Eran las diez menos diez, estaba a punto de aparecer por el recodo del parque por el que llegaba a su casa, era primavera y un olor dulce a naranjos envolvía el ambiente, caminaba tranquila, acariciando las hojas de los helechos que quedaban al alcance de su mano. Una sonrisa se escapo de sus labios sonrosados, el ensayo fue perfecto y Juan su amor parecía que le iba a pedir salir por fin.

Se sentó en uno de los banco, junto a una farola y aspiro todo el aire que pudo. Dio una nota perfecta y se sonrió de nuevo, se coloco el vestido, coloco la carpeta en las rodillas y cogió de nuevo aire, una nueva nota salio más bella todavía que la anterior.

El esperaba agazapado detrás del árbol un gran roble que seria el testigo de lo inmundo del ser humano.

La muchacha se levantó del banco y colocando de nuevo el vestido azul se encamino por el paseo.

Le sudaban las manos, se aferro a la corteza del árbol y contuvo la respiración, era un animal salvaje esperando a su presa, apoyó bien los pies en el suelo y se abalanzo sobre la niña, la agarro del cuello sin tiempo para que ella viera nada, la arrastro hasta la oscura madriguera que el eligió para perder una vez mas el respeto de la vida, no dejando elegir.

La tiro al suelo y amarrándola por la nuca, consiguió que su cara se fijara al suelo. Subió el vestido, arrancando las ropas de la pequeña después, entro en ella con dificultad, ella virginal no pudo aguantar el dolor y callo inconsciente, el le arrebato algo preciado.

Una vez termino, le propino una patada y escupiendo sobre ella todavía inconsciente, la insulto, ahora ya había sido suya, una muñeca rota que ya no tenia valor alguno.

Un mes después, ella la pequeña, que no dijo nada, no podía, que pensarían todos, sus padres que era una puta, Juan que era una puta y los demás, los demás serian coyotes hambrientos en busca de sangre.

Pero lo peor no era el dolor pasado, o lo que pudieran pensar si se enteraba. Pero no aquella semana no tuvo la menstruación, ni la siguiente, unas semanas después se le empezó a desarrollar la tripa, y una nueva vida estaba gestándose dentro de ella.

Ahora si estaba perdida, como podía deshacerse de ese engendro que la estaba deformando, que no se había tenido por amor, ni si quiera por un descuido, que odiaba como al ser que aquella noche al poseyó.

Camino por el parque, pero esta vez no entono, no toco las hojas de los helechos ni eligió el banco, se encamino a la pequeña laguna, donde los cisnes todavía nadaban, se sentó en la orilla de esta colocando su vestido, como su madre le enseño para ser una señorita, como a ella le enseñaron en el colegio privado al que fue.

Se propino a si misma un puñetazo en el vientre y de la misma se encogió por el dolor. Nadie lo sabía todavía, nadie se dio cuenta, quizá era que a nadie le importaba, saco un paquete del bolso, lo abrió y lo miro con detenimiento.

Era tarde, pero sus padres no la echarían de menos, les dijo que en el coro tenían que ensayar unas horas más.

Abrió el envase y volcó unas cuantas pastillas en la palma de la mano. Saco una botella de sidra, la única bebida alcohólica que probo en su vida. Le gustaba era dulce, y las burbujas en la boca eran una sensación que siempre le gusto desde su primer refresco.

Abrió la botella, la espuma se derramo por su vestido, pero eso ya no le importaba, acerco la palma de la mano a la boca metiendo las pastillas y acto seguido bebió de la botella, un largo trago de sidra dulce.

Noto como las pastillas hacían efecto, cogió su bolso y lo coloco debajo de su cabeza, el sueño hacia que sus parpados pesaran.

La luna se reflejaba en el estanque, los insectos revoloteaban a su alrededor, los grillos chirriaban por los lindes de las luces de las farolas que estaban rodeadas de mosquitos, pensó que como cualquiera de ellos su vida no valía mas que una noche en la que la mancillaron, pero ni una lagrima resbalo por sus mejillas, la noche ya estaba acabada para ella, el amor no lo conoció pero si el odio.

sábado, 10 de diciembre de 2011

La pequeña golondrina


    Una noche, nació una pequeña golondrina, negra como el azabache, con unos ojos que eran lo mas profundo de la noche. Su madre la acomodo en el nido y viendo que era la cosa más bonita del mundo la acurruco entre sus alas.

    Pasaron unos días y la pequeña alondra vio como una garza pasaba cerca del nido y le pregunto.


    - Hola. ¿Quien eres?


    La garza se poso en una rama cercana y miro a la pequeña. Después de unos segundos le contesto batiendo las alas y erizando las plumas de su cabeza.


    - Yo, yo soy la garza, la mas bella de las aves, esbelta y además muy bien vestida con los colores de mis plumas.


    La garza batió las alas cogiendo carrerilla y se elevo por los aires. La pequeña alondra se puso muy triste por que ella era pequeñita y solo era negra, los colores no se habían fijado en sus plumas.

    Pasaron uno días mas y la mama de la golondrina la animo a volar por primera vez, la pequeña se apoyó en el borde del nido, tenia miedo, pero era para lo que había nacido, extendió las alas y se dejo llevar. Voló por primera vez, el aire se deslizaba por sus plumas, hizo su primer quiebro y alzo el vuelo.


    Un día, se encontró con un oso, lo miro de lejos y posándose en una ramita, le pregunto.


    - ¿Tu que eres?


    El oso, saco el hocico del panal de miel y miro al ave, se relamió los labios y contesto.


    - Soy un oso, el carnívoro más grande sobre la tierra, soy fiero y muy fuerte, puedo partir un tronco con un solo zarpazo.


    Y de nuevo metió su cara en el panal de abejas.

    La pequeña golondrina, voló triste de nuevo, por que ella no era fuerte, y sus pequeñas garras no podían ni partir la más pequeña ramita.

    Tras mucho volar y perfeccionar su estilo, la pequeña alondra se poso en una rama antes de empezar el gran viaje para pasar el invierno en zonas mas calidas, en ese momento un viejo albatros se poso en una rama mas baja del mismo árbol y miro a la joven.


    - Hola. Joven alondra. ¿Preparada para tu viaje?


    Dijo el viejo pájaro.


    - Hola. Si he volado mucho y he comido mucho para no retrasarme en el trayecto.


    - Muy bien, además, las golondrinas sois los pájaros mas hábiles, sois capaces de hacer quiebros que a los demás pájaros nos son imposibles y sois muy resistentes, hacéis muchos kilómetros para llegar al lugar que mas os gusta en cada momento y por si fuera poco, tenéis las plumas preciosas que nos os sirven para que los carnívoros no os encuentren. Yo siempre quise ser golondrina, pero me toco ser grandote y patoso.


    La alondra, sonrío mientras el albatros emprendía vuelo a trompicones y cogiendo carrerilla, ella se dio cuenta de que quizá no fuera la mas fuerte o guapa, que no tenia unas garras mortales y que sus plumas no eran vistosas, pero ella era la reina del cielo, ni las águilas, ni los tiburones, ni leones o cualquier otro animal podía hacer lo que ella, pues ella era la mas grácil voladora de toda la tierra y eso nadie se lo podía quitar.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Viviendo que no es poco. (ll)



Hostia, mierda. . . me cago en la puta, no me queda nada que comer aquí dentro. Con lo bien que estuve esta temporada.


Bueno de nuevo a encontrar un buen sitio donde pasar una temporada y empiezo a echar de menos ver a alguien.


-A alguien normal me refiero. Otra vez hablando solo. . . valla huevos. . .


Bueno desde la azotea veré algún coche entero, espero ver algún coche entero.


-Que no sea un Kia. Que no sea un Kia. Que no sea un Kia.


Veamos. . . un Citroen Sxara, un Peugeot, un. . . que coño es eso. . . hostia un jeep o algo así.


-Ese me servirá.


Que no se me olvide nada. . . la pipa, coño que gracia me hace esa palabra, pipa, si es irrisoria para lo que hace. A quien coño se le ocurrieron las palabras.


-Pipa, switch, ordenador. . . que no ordenaba nada pero oye lo que los hecho de menos. . . esas largas sesiones de paginas porno.


Veamos. . . por la puerta delantera no veo a nadie, pero será mejor bajar desde el primer piso con una cuerda. . . el coche me quedara mucho mas cerca y tengo que llevar todo esto.


-Lo siento, querida amiga, pero. . . sin munición no me sirves para nada. Ummm... Si en definitiva solo me queda efectivo, el hacha y la navaja. Mierda, mierda, mierda.


En la entrada ví un cartel que ponía supermercado.


En las paginas amarillas en el despacho del director o en la sala de profesores.


Bien un puntito de suerte. Con mapa del pueblo y todo.


-Vale si sigo la avenida de las murallas. . . y giro a la derecha. Si es fácil.


¿Y si miro si por suerte hay armería?


-Ja, ja, ja. Es la hostia que suerte tengo últimamente, resulta que este pueblucho tiene armería.


Vale, la ballesta en mano y bajando. Despacio, despacio, muy bien, despacio, ahora ya estas cerca del suelo, despacio.


-Bien, ya estoy en el suelo.


A que esperas, corre jilipollas. ¿O prefieres que te muerdan en el culo?


El coche parece entero, pero no tiene las llaves puesta. . . ya decía yo que tenia demasiada suerte.


-Bueno, relax, relax, un poco de relax.


Si consigo llegar al súper, coger algo de comida y pasar por la armería y pasar por un burdel. . .

-Jajaja, y por un jacuzzi, menda huevos.

Vale a correr toca.

Joder he adelgazado desde esta mierda. Pero esto de correr me sigue jodiendo igual. Vamos un poco mas, aguanta picha floja.

-¡Mierda!


Escóndete, rápido.


Joder esta lleno de esos hijos de puta, mierda. Haver piensa, despacio, no te han visto.


-Mierda, mierda, joder.


Vale cállate y piensa.


Como voy a pensar, estoy jodido. ¿Cuantos son?


Uno, dos, tres, cuatro,. . . puf, mierda, son muchos, tengo solo 5 flechas de la ballesta, munición cero y que coño hago. Están en la parte de fuera, quizá, dentro del súper . . .


Vamos que jilipollez si fuera hay la de dios dentro no me quiero ni imaginar, quizá por la carne de la carnicería. Eso debe de atraerlos, eso y la carne viva como yo. . .


Posibilidades, mira las posibilidades.


Joder, estoy apoyado en un concesionario de coches, seré imbecil. Estas cosas solo me pasan a mi.


Entrare y comprare un coche nuevo, eso que soñaba cuando esto no había pasado.


Veamos, veamos. No creo que me encuentre con alguno aquí dentro.


Por aquí, nada. Por allí, nada.


¿Y por detrás? Mierda, toma carbón.


(Zub)


En toda la cabeza hijo puta.


-Yujuu.


Vamos muévete, un Mitsubishi, un poco bajo, que pena este modelo siempre me gusto.


Siguiente.


Hostia este si, un Land Rover Discovery. Buena maquina. Alto, robusto y encima es el mas alto de gama. Me encanta me lo llevo puesto y no me diga que no tengo efectivo.


-Jajaja. Que chistes más buenos. Lo malo es que nadie me olle aunque lo diga en alto.


Las llaves puestas así me gusta. Y ahora. . .


-Salida a lo fast and furious. . .


-Buaa. . . escaparate a la mierda y acelera. . . yijaaa. . . que subidón. . .


Probemos la defensa.


Joder siete me he llevado a siete por delante y no se ha quejado. . . me encanta.


-Señoras y señores, el modelo que les mostramos se puede llevar a siete caminantes, sin subir el mas mínimo rasguño, lo pueden conseguir en el confesionario de Land más cercano a su domicilio.


Jajaja.


Joder seria un publicista de puta madre.


-Adiós. Me voy a otro lugar. Ya nos veremos.

.

jueves, 23 de junio de 2011

Duelo al sol de almería.





-¿Lo sientes?

(Ahora es mi momento, soy mas rápido que el, esta arena será la que absorba su sangre, será la que me de la victoria cuando la primera gota de sangre la bañe.)

-Tienes calor, notas como la garganta se cierra y escuchas el movimiento del segundero en el reloj de la torre.

(Tiene las manos sudorosas, la mirada vacila y no cree que pueda ganar.)

-¿No vas a decir nada? Entiendo, te ha comido la lengua el gato.

(Los nervio le pueden, soy más rápido que el, no tiene nada que hacer contra mi, unos minutos más y seré el ganador, solo unos minutos y la gloria será mía.)

-Todavía estas a tiempo, puedes retirarte. Será una deshonra, pero tendrás la tapa de los sesos  cubriendo lo poco que tengas hay dentro.

(Le disparare, a la cabeza, o al pecho así seguro que acierto a la primera. Joder que calor hace en este pueblo de mierda, ya podían tener una sombra.)

-¿Qué? ¿No piensas retirarte? Es que quieres un nuevo corte de pelo. ¿Verdad?

(Joder, ahora que lo pienso, no conozco a este de nada. Va, seguro que soy mucho más rápido que el.)

-Niña, trae agua, todavía tengo tiempo para echar un trago. Forastero, te convido a un trago de buena agua. ¿Gustas?

(Creo que esta relajándose, puede que ya no surtan efecto mis palabras, no pasa nada tranquilo, soy mucho más rápido, no puedo flaquear ahora.)

-Deliciosa, ¿Seguro que no quieres un último trago?

(Hostia, que calor, como tarde mucho más en llegar la hora no voy a dar ni a un burro a tres pasos.)

-Quedan tres minutos. Ni uno mas ni uno menos, este es tu fin. Espero que tengas buenas referencias para subir allá arriba, pero ahora que lo pienso, nosotros nunca tendremos buenas referencias verdad.

(Si, ciertamente ninguno de nuestra calaña tendría un sitio allá, con los ángeles y querubines. Quizá nuestro sitio sea el infierno, pero seguro que hace menos calor que en este pueblucho.)

-Dos, quedan dos minutos para tu muerte. Cuando den las doce con la primera campanada morirás.

(Necesito darme un baño en el río y visitar a las mozas del salón, esta noche será María, que lozana y hermosa, es una buena hembra, muy usada pero, sigue siendo una de las mejores.)

-Un minuto, es el fin para uno de los dos, y yo no seré.

(¿Porque se acerca? ¿Que hostias quiere este ahora? Joder ahora no puede echarse atrás, mierda esta muy cerca.)

-Finalmente te das por vencido, sabes que soy el mejor.

-No, te equivocas, es que me tienes arto de tanta palabrería. Mañana quedamos pero cuando solo quede un minuto para las doce. Que esta mañana has conseguido que me duela la cabeza. Señoras, señores, presentes todos, mañana le meteré a este una bala entre ceja y ceja, si es que tiene agallas para presentarse y no hacer que el personal se aburra y le entre dolor de cabeza. Hasta mañana. Que pasen buen día.

domingo, 12 de junio de 2011

Pequeña Estefania.

(¿Y por que no? Nadie le echara de menos. Además es un hijo de puta, fue el que mató ha la niña y no lo encarcelaron, ni siquiera le interrogaron. Ahora es un miembro respetable de la ciudad. El dinero lo compra todo. Es, fue y será siempre así.)

-        Hola, Paco.

-        Hola, Ramón.

-        ¿Como van los negocios? - (Joder, no se inmuta lo más mínimo.)

-        Muy bien, pero ponme los vinos, que tengo que buscar partida.

-        Va. – (Cabrón, como si no lo supiera nadie.)

(Y yo, no pude hacer nada, me quede en el sitio como si no fuera conmigo la cosa, vi como primero le destrozaba el vestido que su madre le compro en la tienda de la mía. Azul claro, con unos lazos en el pecho y uno más grande en la cintura. Hera preciosa y con aquel vestido parecía una princesa.)

-        ¿Qué pasa que esta tarde no se juega la partida?

-        La gente esta comiendo todavía. – (Algo que yo no hacia a gusto desde lo que paso con la pequeña Estefania.)

-        Joder, ponme otro vino. Tendré que esperar a que alguien asome para hacer baza.

-        No creo que tarde mucho el personal. – (Hacia doce años, doce largos años que sucedió, la ultima vez que vi a la niña. No recordaba lo que pasado antes y he olvidado muchas cosas después, pero esa tarde de domingo la tengo grabada a fuego en mi cabeza.)

-        Hace calor estos días.

-        Tomate otro vino, a este invita la casa. – (Espero que la tortilla se te atragante en el gaznate.)

(Después le tapo la boca y amarrándola por la cintura abuso de la pequeña, yo lo vi todo, estaba al otro lado de la tapia, y lo vi todo, cuando mancillo su cuerpo la arrastro hasta unas zarzas y allí la mato a golpes, un puñetazo detrás de otro, hasta que la pequeña dejo de respirar.)

-        Como tome uno más no veré ni las cartas.

-        Ahora me vendrás con esas, si para ti una botella no es nada.

-        ¿Me estas llamando borracho?

-        No, hombre no, como se te ocurre. – (Lo estabas, maldito, estabas como una cuba cuando mataste a Estefania.)

-        Bueno ya que así lo piensas ponme otra copa.

-        Marchando. – (Esta tarde te pillaras una buena.)

-        Mira que hace calor.

-        Si, estamos con un veranito tórrido. (Como aquella tarde, el sol estaba en lo alto como ahora.)

(Estábamos a finales del verano, pero las temperaturas no bajaban y las noches eran calurosas, aquella madrugada de hace doce años, tu enterraste a la pequeña Estefania en la tierra, sin sepultura, sin nada donde poder saber donde se encontraba, con su carita desfigurada por los golpes y su vestidito hecho jirones por tus manos.)

-        ¿Otro vinito?

-        Venga.

-        Marchando otro vinito para el señor.

(Tu no sabes que yo lo vi, no sabes lo que he tenido que pasar, no sabes lo que he sufrido cada noche, cada día desde mis trece años, maldito cabrón, y no pude hacer nada.)

-        Mira el huerto Ramón, entra por allí, y hecha un vistazo, veras que tomates.

-        ¿Ahora?

-        Mientras viene esta gente.

-        Voy, pero me tendrás que poner otro vino.

-        Claro que si hombre.

(Entra hijo de puta, entra por que esta será tu ultima tarde. Un día como este de hace doce años, yo deje de soñar para tener pesadillas, tu dejaras de soñar y dejaras de estar en mis pesadillas.)

-        ¿Valla herramientas que tengo he Ramón?

-        Es una buena azada, si señor.

-        Si, lo es. Apuesto que podría reventarte la cabeza de un solo golpe.

(Toma hijo de puta, muere, muere. Hecho, Estefania, este bastardo esta muerto, como te prometí hace doce años. Ahora el será el abono para mi huerto. Nadie sabrá nunca donde rezarte, estarás desaparecido, muerto para todo el mundo, menos para los que te quieren y te protegieron ese día, tu padre que pago para que no te hicieran si quiera declarar, tu madre que callo la vergüenza, tu mujer que nunca dijo nada, este será el primer día que pueda dormir a gusto, sin ver tu cara violando a la pequeña Estefania.)

martes, 7 de junio de 2011

El ultimo grito.


El odio le mordía los adentros, se lamentaba de ser débil, estaba aturdido y sin rumbo.

No estaba seguro de cómo o cuando terminaría la mala suerte, deseaba terminar ya con todo.

Era la presa donde los veranos contemplaba las estrellas, recordaba las largas conversaciones con su amiga, añoraba tenerla a su lado para no pensar en otras cosas.

Sentía el viento helado en la cara, cubierta por una barba espesa, que empezaba a congelarse por el vao que escapaba de su boca.


-AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH


Un largo grito contenido, desde hacia mucho, no recordaba la ultima vez. No se permitía llorar, pero esa noche la primera lágrima apareció en uno de sus ojos.


-AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH


Un nuevo grito salio de su garganta, más bestial que de persona, más gutural.


-JODER.


Otro grito emergido de lo mas hondo de su ser, las lagrimas se helaban en su mejilla provocando heridas y en ese momento dejaban de ser agua para convertirse en sangre. Pero no sentía dolor, por esto no.


-JODerhhh.


Otro nuevo jadeo ahogado esta vez se poso en la noche. Se agarro de la barandilla, poniendo un pie en los adornos de la misma.


-Se valiente, por una vez.


Las palabras, casi susurrantes ahora, apenas se escuchaban con el viento que silbaba en las rendijas de los muros.

Puso el otro pie y miro al vacío. Corrió la mano para pasar la pierna y después la siguiente. Ahora solo tenia que dejarse llevar.


-Bien, ahora solo tengo que decidir si ver a la muerte de cara o seré también un inútil para esto.


Miro de nuevo al infinito, la pequeña caseta desde la distancia se hacia más pequeña, el viento ahora le cortaba la cara, las manos no las sentía.


-Ahora.


Se soltó las manos y dejo que el tiempo pasara.


-AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH


El suelo se acercaba, el tiempo se detuvo, el viento dejo de soplar, el fin del interminable muro de la presa esta ya cerca.

Un tirón en sus pies le izo sentir como todo su cuerpo notaba un frenazo, que le dejo a unos metros del suelo, de este modo se alejo de este y cogió altura de nuevo.


-JAJAJA


Las carcajada resonaron por el valle, las cuerdas aguantaron y el curso no había sido difícil ni caro, se sentía vivo de nuevo, era una experiencia nueva que no deseaba repetir.







Conclusión: primero prueba y si te gusta repite. . . tontooooooo.


domingo, 5 de junio de 2011

Noche en granada.


-          Tía, que de puta madre las vacaciones en granada, esto es una pasada.

-          Pues si, es una pena que estos no pudieran venirse.

-          Bueno ya nos dijeron que les lleváramos mil fotos.

-          Si, eso si.

-          Yo ya he llenado una memori de mil colores, como diría la Mari, y al paso que vamos me da que tendremos que pillar otras vente.

-          Es verdad, y acabamos de llegar esta tarde.

-          Toma un cigarro.




-          Con la puesta de sol, la alambra, es más vistosa, si cabe. Pero a estas horas, tiene algo especial, como si todavía alguien te estuviera vigilando desde las almenas.

-          Pues si, las luces tenues dan un punto. . . especial a los sitios así.

-          Coño. ¿Que es eso?

-          ¿Quieres verlo más de cerca?

-          Pero está muy oscuro nene.

-          Bueno en plazas más oscuras hemos toreado, ¿O no recuerdas cuando nos metimos en la estación abandonada?

-          Si.

-          Pues ya esta, voy yo primero.

-          Nene que esta aullando.

-          Me parece que lo mejor que podemos hacer es, apretar el culo, darnos media vuelta, y andar a paso acelerado.

-          Pues estoy de acuerdo.

-          Pues no se hable más.






Conclusión: a menos que seas americano, (con un hierro oxidado y un nunchaku), en mano, no se juega el culo ni dios. Así pues, creo que un relato de terror solo es posible si el protagonista es oriundo de Estados Unidos. Quizá un día escriba este mismo relato con Jon como protagonista, los Migueles, Pacos, Noemís y Asunciones, aprietan el culo y salen por patas.



 · Autor foto :

martes, 15 de marzo de 2011

Viviendo que no es poco.


Joder, valla mierda de día, sin gasoil en el coche, y este carro me gustaba.

Bueno. ¿Qué coño cojo? Umm. . . , a sí, la pipa, el rifle, la ballesta, umm. . ., vale el hacha, y el cuchillo.

Puf como pesa esto, y a saber donde coño esta la siguiente gasolinera, encima a saber con cuantos me topo por el camino.


Joder siete kilómetros ya, y ni un puto cartel, valla mierda con los de cepsa; si en los anuncios de la tele os lucisteis cabrones, primero el sueldo del mes para llenar un puto deposito y ahora, no me jodas, que no podíais haber hecho más gasolineras.


He que de puta madre, un pueblo, seguro que encuentro gasoil y un puto coche.

Hostia unos cuantos, pufff. . ., como odio esto.

Ahora a buscar un sitio alto, y la munición escasea, lo mismo encuentro una armería.


Si, aquel edificio será perfecto, espero no encontrarme con sorpresa, mierda para que me hago ilusiones si siempre hay sorpresa, va, total de algo hay que morir.


Vale, ya estoy dentro, umm. . . ¿La pistola o el hacha? Si es que no quiero mancharme, pero al final me quedo sin munición, venga el hacha, además, es más divertido.

Por lo menos no se oye nada, y no es que sean calladitos.


¿Chapo la puerta o no? Joder, y si son muchos y tengo que salir por patas, pero y si entran por que me descubren; estas cosas no las piensas cuando todo va bien, abierta, si después iré bajando y cuando compruebe que todo esta libre de ellos, entonces chapo.

Venga, sube las escaleras, culo gordo, aunque desde que no circula corriente eléctrica, estas echando un muy buen culo. Si como decía mi abuela, “no hay mal que por bien no venga”.


Bueno, bueno, en un instituto, como en estados unidos, jajaja. . ., lastima que no escribirán de mi en los periódicos.

Este piso esta libre, siguiente. . .


El aula de química, joder, ves, ahora es cuando me vendrían bien las clases de química del colegio, si ya me lo decía mi madre. . . “estudia para ser un hombre de provecho”, el caso es que no me ha ido tan mal.

Bien, bien, en este piso tampoco tengo sorpresa, el siguiente seguro, y si no, fijo que se me cae el edificio encima.

Si todo se rige por las leyes de Murphy, va tranqui, que lo mismo es tu único día de suerte.


¡Hostia! No me lo puedo creer, nadie en todo el edificio. Si, puede que este sea mi único día de suerte.

Venga, evalúa; la puerta chapada, las otras tres también, las ventanas con rejas, me gusta, por lo menos dormiré tranquilo unos días.

En la enfermería vi la camilla que a falta de una cama. . .

Con esta manta voy sobrao, a dormir.



Z,Z,Z,. . .



Ahhh. . . que gusto da dormir sin tener que estar con un ojo abierto.

Valla tela, he dormido once horas, si es que, ya casi no recordaba lo que era.

A la azotea, desayuno al aire libre, y después. . ., una buena masacre.


Atún, otra vez atún, joder casi me que me comía una lata de fabada asturiana, que vamos a hacer. . .


Umm. . ., que día más tranquilo, ahora es el momento de acabar con unos cuantos.


Desde que esto empezó, y los días siguientes en las noticias no se hablo de otra cosa. . ., como si no se viera por la gente no lo viera por las calles, incluso en el pueblo, que ya eran poco menos que estos.


Dani, estas hablando solo demasiado.

Umm. . ., cuarenta y nueve, cincuenta, cincuenta y uno, cincuenta y dos. Bueno no son muchos. Con los disparos vendrán mas, menos mal que munición para el rifle tengo bastante.


Joder co la gente políticamente correcta, ahora en las noticias no los llamaban zombies, tenían que llamarlos caminantes, porque la gente podía sentirse mal, tócate las pelotas.


Vamos a ver. . .,

(Pum)

Un caminante menos.

miércoles, 9 de marzo de 2011

in memorian


España era su país de libertad, el lugar donde encontró el amor y donde perdió su forma de ver la palabra de su dios. La universidad, el lugar de conocimiento, de perfecta convivencia y de nuevos puntos de vista.



Las primeras semanas caminó por el campus, descubriendo los lugares mágicos y ausentándose del suelo para llegar a lo más alto de los edificios e ir bajando poco a poco, fijándose en los pequeños detalles de las fachadas.

Poco a poco, se internó en la ciudad; las gentes no vestían como en su tierra, en la que solo los más atrevidos vivían al borde de la marabunta, con los pañuelos cubriendo el pelo de las mujeres y los hombres llevando una tupida barba, no por ellos mismos, sino por una estética retrógrada.

Caminó por una de las callejas estrechas, viendo cómo los jóvenes de su edad entraban y salían de bares, las chicas con más piel a la vista que ropa; los chicos borrachos compitiendo por quién era el más rápido, con los pantalones a la altura de los tobillos. . .

(Para sus adentros y en su idioma natal, pronunciaba una y otra vez: “España es diferente”).

Terminada la estrecha calleja entró en una gran plaza y, en el centro de esta, la encontró; era preciosa, esbelta y como nada visto en su tierra, a pesar de tener monumentos que llamaban la atención de todo el mundo.

Ella, impasible como antaño, esperaba las miradas de los intrusos que la acosaban tanto de día (incluso entrando en su interior), como por las noches regalando su mejor cara.

La miró de nuevo y otra vez en su idioma pensó: “Santa Sofía, Mezquita Azul, lo siento, pero me he enamorado de la preciosa y esbelta Señora de León”. Giró la cabeza y en los soportales vio cómo dos hombres caminaban dados de la mano. (¿En España esto es común? ¿Serán homosexuales? La libertad en este país es demasiada, qué vergüenza.)

Observó de nuevo a la bella dama y se despidió. Ya tenía sueño y la media noche había pasado hacía tiempo. Deshizo el camino andado, viendo de nuevo a la juventud perdiendo los modales y la compostura con cada trago de sus copas.

El mes había sido duro, el inglés lo tenía superado, pero el español era muy difícil. En la universidad no entabló amistad con nadie y las clases, arduas, no le iban del todo bien. Aquella mañana llovía como no recordaba haber visto jamás, corrió por el campus hasta llegar a su facultad, cerró el paraguas y entró en el recinto; en el vestíbulo un chico de unos veintitrés años estaba repasando sus apuntes y el resto del personal se metía en las clases sin tiempo para fijarse en él. Pero sus ojos se posaron en aquel muchacho moreno, con una frondosa barba recortada, mirando y repasando hoja a hoja un taco que parecía no tener fin.

(Qué hombre más atractivo. ¿Pero cómo puedo pensar en un hombre de esta manera?)

A pesar de rechazarlo toda su corta vida no podía evitarlo; los hombres le llamaban la atención y las mujeres no le causaban en absoluto la misma atracción.

Corrigió la mirada y bajó la cabeza.

No está bien, se dijo para sí.

Dirigió sus pasos hacia el pasillo donde las experiencias se acumulaban. Pensó en todos los estudiantes, que en su misma situación caminaron por aquel corredor.

Se detuvo unos segundos delante de la puerta de su aula.

(Valor, no lo estas haciendo mal.)

-¿Qué te pasa?

Una voz a su espalda le asusto y dio un salto.

-“Tu mi asustado”.

-¿Qué? Tú no eres español. ¿Verdad?

-“No”.

-¿De donde eres?

-“Yo, yo soy Turquía”.

-Joder tío, ¡Aquello tiene que ser guapísimo!

-“Sí, es”.

-Vamos dentro, antes de que llegue el profesor. Este es de los chungos, más vale que nos pongamos las pilas.

-“Sí”

Después de aquella conversación los dos jóvenes estrecharon amistad; en los trabajos intentaban ir juntos, pasaban horas compartiendo el saber de los libros, incluso les dio tiempo a aprender algo de turco.

En solo una semana se convirtieron en los mejores amigos.

-¿Qué haces el fin de semana?

-No entiendo.

-Que si te apetece hacer algo el fin de semana.

-Sí.

-Bien, será divertido. Te presentaré a mis amigos y puede que te guste alguna de las chicas.

Los pensamientos que le rondaban llegaron de nuevo.

(El que me gusta eres tú)

-“¿Qué hora quedar?”

-¿Te parece que pase por tu casa sobre las once?

-“Sí”

-Pero estate preparado.

Pasó el resto del viernes dormitando en su habitación, pero llegada la hora de la cena, no le apetecía nada; solo una parte de su cuerpo parecía decirle lo que debía hacer a continuación. Repasó su torso con las manos, deslizándolas lentamente hasta llegar al único lugar que en esos momentos le marcaba lo que realmente le apetecía.

Terminada la tarea, la ducha le esperaba. Entró en el plato y, con el agua caliente, el instinto afloró de nuevo y otra vez dio rienda suelta a sus feromonas.

-¡Suena el telefonillo!, dijo uno de sus compañeros de piso.

-“Yo va.”

Corrió por el pasillo con la toalla empapada y contestó.

-“¿Si?”

-Holas. ¿Estas listo?

-“Sí, bajo. Una segundo.”

Se vistió a toda prisa, los mejores pantalones, la camisa azul que más le gustaba, la cazadora y los zapatos de cuero negro. Todo listo para una noche de fiesta.

-Creí que te habías quedado dormido.

-“Siento retraso. Yo en ducha.”

-No pasa nada. Vamos, la fiesta espera.

Se dirigieron al barrio viejo de la ciudad; las piernas lo llevaban, no sabía dónde o qué harían aquella noche.

-Perdona, tío, por lo de ir a toda hostia, es que llego tarde.

-“No preocupes.”

-Na está cerquita ya.

Doblaron la esquina; el joven empujo la puerta y la música llego a sus oídos.

-Vamos, entra, te molará el sitio.

El heavy, una música extraña en su tierra, estridente, con formas poco o nada parecidas a su gusto musical. Entró en el local, siguió a su amigo mientras este empujaba haciéndose sitio y saludando a más gente de las que dejaba pasar.

-¿Qué tomas?

-“Un cerveza.”

-Ehhh. . . neno, pon unas cerves por aquí.

El camarero, sonrió y dejó delante de los dos hombres un par de cervezas.

Las horas pasaron y su amigo hizo por presentarle a todos los asistentes, la música aunque estridente era un tanto divertida, de modo que lo estaba pasando bien.

-Eh, que son las tres. ¿Nos movemos? comentó el camarero.

-Sí, vamos al Grito.

-Puf, yo voy al Senso.

Su amigo parecía interesado en ir a otro lugar.

-“¿Qué es Senso?”

-No creo que te guste.

-“Yo puedo ir contigo.”

-Está bien, pero no me digas que no te lo advertí.

Salieron del bar, dejando atrás al personal y se encaminaron al otro lugar, pero ya nada podía pararlo, esa noche no.

Caminaron por las estrechas callejuelas del barrio viejo, cruzaron una de las más concurridas del centro de la pequeña ciudad y de nuevo se encontraron caminando por calles en las que a duras penas entraría un coche.

Los carteles luminosos quedaban atrás; salían de la zona de fiesta y entraban en otra zona un tanto diferente; los bares en su mayoría cerrados ya dejaban ver su interior, locales en su mayor parte pequeños, de madera y con nombres extraños, nombres célticos, que para nada le sonaban.

-¿Ves ese de ahí? Es donde trabajan unos amigos, entro y salgo para decirles que estamos en el otro. No tardo.

Su nuevo amigo entró en el bar y después de hablar con sus amigos, salió tan rápido como entró.

-No quiero que te asustes, el bar al que vamos es. . ., bueno es. . . un bar de ambiente.

-“¿Uno bar de ambiente?”

-Sí un bar en el que los hombres conocen a otros hombres.

-“No, yo no entrar en ese.”

Con esas palabras se dio la vuelta y con paso firme se alejó del bar al que su amigo le había invitado.

Giró en la primera esquina, se apoyó en la pared, en su idioma blasfemó, sollozó, unas lágrimas recorrieron sus mejillas.

Las ganas de entrar en aquel bar le sobrepasaban, pero algo en su interior le prohibía dar la vuelta, sus padres…, que dirían sus padres si le vieran en un lugar así.

Se recompuso, miró a ambos lados y empezó el camino de vuelta a su casa.

Los pensamientos brotaban en su interior, deseaba yacer en la cama con un hombre, con su compañero, era perfecto a su vista: moreno, alto, con preciosos ojos verdes, necesitaba entender qué le estaba pasando, necesitaba respuestas.




Durante las siguientes semanas, aquel muchacho se devanó los sesos, no podía creer que en España la libertad hubiera llegado a ese extremo y, de ser así, por qué no probar, sentir el cuerpo de otro hombre, sentir sus labios, sus caricias. Con estos pensamientos pasó aquellas semanas, retozando consigo mismo en su cama imaginando cómo lo pasarían dos hombres, dando y recibiendo calor.

En las clases intentaba sentarse a espaldas de su amigo, sentía cómo dentro de él crecían sentimientos que jamás sintió antes. Después de ese tiempo pensando decidió que había llegado el momento, nadie tenía por qué enterarse y nunca creyó en aquel personaje que desde los cielos lo vigilaba y juzgaba todo.

Una tarde dio alcance en el pasillo a su amigo, lo agarró del brazo y le hizo la proposición que tanto deseaba.

-“¿Tú apeteces pasar el noche conmigo?”

-¿Cómo?

-“Yo entiendo, la noche de fiesta, tú molestes, pero yo quiero estar contigo, unas noche”.

-Bueno, pero esta vez no salgas por patas.

-“Sí, yo entiendes y siento.”

-No pasa nada, ven a mi casa después de las clases. Te esperaré.

¿Qué estaba haciendo? Esa era la pregunta que le acosaba a todas horas, pero las cosas no tenían más opción; si no lo probaba, jamás sabría si lo que sentía era o no real.

Una vez terminadas las clases, fue a su piso, se puso sus mejores galas; quizá aquella noche fuera la que le diera todas las respuestas que ahora le devanaban la cabeza.

Entró en Internet y mandó el mensaje diario a su familia; como siempre olvidó comentar los cambios y las decisiones que estaba tomando últimamente.

Terminado el mensaje, lo mandó; puso su cazadora y salió. Los pasos desde su piso se hacían cada vez más pesados, creía que después de lo que pasara esa noche todo cambiaría y sería la respuesta definitiva a sus indecisiones.

-¿Si?

Le contestó al telefonillo, ahora todo sería diferente.

-¿Eres tú?

De nuevo la voz; pidió al invitado que se diera a conocer.

-“Yo soy”

-Bien, sí, sube.

Ahora ya no podía echarse atrás, montó en el ascensor…, un tercero, allí descubriría si era cierto lo que sentía.

Su compañero lo esperaba en la puerta; con una sonrisa lo invitó a entrar.

-Adelante, pasa.

Una vez entró en el piso todo comenzó a darle vueltas, demasiados pensamientos arremolinándose en su cabeza.

-¿Estás bien?

-“Yo estar bien, no preocupes.”

-Tienes mala cara, siéntate en el salón, yo te llevaré un refresco.

-“Gracias.”

Contestó un tanto compungido.

-Toma, Fanta, de naranja, no tengo otra cosa. Sebas, ¿Te apetece tomar algo con nosotros?

-Chapo Internet y voy.

-Te esperamos.

Todo estaba pasando de la forma más cordial, no parecía que fuera a suceder nada que no quisiera que ocurriera. Lo que hizo que se sintiera más cómodo de lo que en un principio esperara.

-“No sé qué deber hacer.”

Confesó a su amigo una vez este se sentó en el sofá. A pesar de estar cómodo no podía dejar de dar vueltas a la situación.

-No sucederá nada que no quieras que suceda. Me gustas, desde la primera vez que te vi, ahora no tenemos por qué hacer nada, solo pasaremos la noche juntos. Si tú quieres. . ., claro.

-“Yo quiero, pero, necesito vas despacio, yo no estado con nadie, nunca.”

-No te preocupes, no sucederá nada. Tranquilo.

En ese momento, entró en el salón el compañero de piso.

-Holas, reyes. ¿Qué tal el día?

-Pues la uni, jodida la verdad, estoy jodido con el Macías, es un gran cabronazo.

-Va rey, yo estoy medio loca con las prácticas.

Las formas de expresarse de  aquella persona eran extremadamente exageradas, si no fuera por la pequeña mosca bajo los labios podría haber pensado que se trataba de una mujer.

-Este es Luis, o Barby,  como lo conoce todo el mundo.

Las sonrisas inundaron el salón.

-Rey, no juegues si no quieres que te marque la cara con las uñas.

¿Cómo dos hombres tan diferentes podían convivir? Era la pregunta que más rondaba la cabeza del muchacho que con rostro de perdido no era capaz de entrar en la conversación.

En ese momento se abrió la puerta de la entrada y un efusivo saludo resonó por todos los lugares de la casa.

-¡HOLAS!

-Hola, tío.

-Holas, macho alfa.

-Mirad, os presento a Patricia.

-Hola, chicos.

-Nos vamos a la habita. No molestéis.

-Bien, pasadlo a lo grande. Si es que lo consigues nena.

De nuevo las sonrisas abarrotaron la estancia.

-Lo haremos, ¿Verdad, nena?

La chica se ruborizó y no dijo nada.

Los dos nuevos habitantes de la casa se perdieron por el pasillo y en solo unos minutos algún que otro alarido se escuchó desde el salón.

-Nenas, este chico es como un conejo, cada día se trae a una diferente.

-Barby, no digas más, que tú tienes más que callar que nadie.

Por fin, pudo soltar una frase.

-“Vosotros casa es divertido.”

-No siempre es así.

-Si tu lo dices rey.

-¿No sales esta noche?

-Sí nena, he quedado, así que  me voy.

El otro compañero de piso salio por la puerta, de nuevo los dos solos se miraron a los ojos.

-Bueno, bueno.

-“¿Qué apeteces hacer.”

-Si quieres, nos vamos a mi cuarto.

-“Humm, como tú deseas”

Era difícil actuar, no tenía la más mínima noción de cómo debía comportarse en estos casos.

-¿Vamos?

Su compañero le tendió la mano, este la sostuvo, se dieron un beso, quizá el más casto que en sus vidas se regalaran a un amante.

Caminaron por el pasillo, sin soltarse las manos y entraron en la habitación.

Las estanterías cubrían todas las paredes, los libros lo llenaban todo y una pequeña computadora se hacía un hueco en la mesa de estudio, en la cama la manta de ositos y la almohada a juego.

-Este es mi pequeño reducto.

-“A mí gusta mucho.”

Los dos se rieron a la par y se sentaron en la cama.

-“No saber si estar preparado.”

-Solo recuéstate.

Su compañero le invitó a apoyarse en la almohada, se acercó a la computadora y puso una película; de nuevo en la cama se echó y quitó la camisa, pasó su brazo por debajo de la cabeza del otro hombre y se relajó.

-Veamos la película.

-“Pero. . .”

-No tenemos prisa, tenemos toda la noche y toda la vida.

-“Yo quiero. . .”

-Y yo también, pero no estás preparado y yo no quiero forzar las cosas.

Los minutos pasaron y los dos se dejaron mecer por los brazos de Morfeo, hasta que a la mañana siguiente, un ruido despertó al muchacho que por primera vez durmió con un hombre, dándose cuenta que era lo que más deseaba.

Se levantó, se acercó a la cocina; allí Barby y su amante, lo esperaban con el desayuno.

-¿Qué tal la noche? Porque este no me dice nada.

-“Yo, no. . .”

-Vale otro que no dice nada. Sois un par de reinotas, como si lo fuera a llevar al periódico de la uni.

-No te pases, no es asunto tuyo.

-Bien. Cariños me voy al gim, que lo paséis bien esta mañana.

El resto del día lo pasaron viendo vídeos del You-tube, la música los unió más de lo que estaban y los besos se tornaban poco a poco en pasión.

-Vamos.

-“¿Dóndes?”

-Te quiero enseñar un lugar.

-“¿Dóndes?”

-Es un secreto. Te gustará.

-“Pero tener estudiar.”

-Es sábado, tenemos tiempo.

Después de una ducha, cogieron el coche. Recorrieron la avenida saliendo de la ciudad y en menos de media hora estaban en una preciosa cascada, allí se declararon.

-¿Sabes una cosa?

-“Lo qué cosa.”

-Me gustas, quiero salir contigo.

-“Mi, gustas también, estemos juntos.”

Después de estas palabras se fundieron en un abrazo y un cálido beso, que los dos recordarían por el resto de sus vidas.

Llegados a casa, les faltó tiempo para desnudarse y practicar los artes del amor, durante horas se preocuparon el uno del otro sin que le mundo exterior entrase en el santuario en el que se convirtió la habitación.

-Para ser tu primera vez, ha estado genial.

-“Yo, no saber.”

-Sí que sabes, guapo.

Las risas cómplices se unieron y de nuevo yacieron en la cama dando amor al contrario sin reservas.

Esa noche, el amor fue regalado a expensas de lo que nadie opinara.




Los meses corrieron, pasaron a vivir juntos, en el mismo piso, a compartirlo todo, el uno para el otro y el otro para el uno.

El verano se acercaba y era el momento en que el tocaba irse a su país.

-“Dentro de poco yo me iré.”

-Sí, pero después del verano estaremos juntos otra vez.

-“Sí, yo deseo pase pronto.”

-Has mejorado mucho con el español.

-“Gracias a ti, baby.”

-Hablaremos todos los días por el Skipe.

-“No. He comprado dos billetes, es sorpresa, para Istambul.”

-Pero. . . ¿Y tus padres?

-“Por eso quiero que tú vengas, para presentarte a mis padres.”

-Pero tendrías que decírselo.

-“No te preocupar.”

-Preocupes.

-“Eso preocupes.”

El resto del mes vivieron como si no hubiera mañana. Hasta que el día llegó, el aeropuerto quedó atrás y la llegada a Istambul era inminente.

-Nene. ¿Estas seguro?

-“Nunca en mía vida estuve más seguro de nada. Te quiero.”

-Yo estoy contigo.

-“Yo sé, te quiero, yo sé que todo esta bien.”

-Espero que así sea.




Llegaron al hotel, deshicieron la maleta y bajaron a comer algo.

-¿Estás seguro?

-“Sí, yo estoy seguro, quiero hacerlo, por mí, por ti, por nosotros, esta noche se lo diré a mi familia.”

-Como tu quieras, pero no es necesario, sé que te quiero y que me quieres.

-Pero no quiero vivir con miedo, quiero ser libre.

El resto de la comida la pasaron con sus manos entrelazadas por debajo de la mesa, con miradas de pasión, deseo, amor.

Subieron a la habitación, se tiraron en la cama y se quedaron dormidos un par de horas.

La preocupación hizo que se despertara, dio un beso en la frente a su compañero todavía dormido.

-“Te quiero, esto lo hago por los dos.”

Escribió un pequeño mensaje que dejo sobre la mesilla y salió de la habitación.

El camino hasta la casa de sus padres fue largo, los pensamientos se arremolinaban en su cabeza como cuando decidió no entrar en aquel bar, hacía ya tanto tiempo.




-Joder, qué tarde, puf. . . las ocho y media. ¿Hola? ¿Nene? ¿Estas?. . . una nota. . .







(“Hola vida, he ido a casa de mis padres, hago esto por nosotros, pero sobre todo por mí. Te quiero y quiero pasar mi vida a tu lado.

Yo volveré a las doce o así.

Espérame, mañana tenemos los billetes de vuelta a España, para pasar el resto de nuestros días unidos.”



Ahmet)







-Bueno en un rato estará de vuelta.

Pasaron horas eternas en el pensamiento y en el reloj.

-Joder, estoy preocupado. ¿Qué coño ha podido pasar?

La noche avanzaba y su amor no daba señales. Ya eran la siete de la mañana, una llamada rompió el silencio de la habitación.

-Yes?

-“Hola, vida, soy yo. Mis padres me han echado de casa, haz la maleta nos vamos a España.”

-¿Pero tú estas bien?

-“Sí.”

En ese momento un sonido fuerte, como un trueno sonó a través del auricular.

-¿Nene? ¿Nene? NO. . .









Un hombre turco acusado de matar a su hijo gay, fue juzgado en Estambul. Yahya Yildiz, de 49 años y que huyó tras el crimen, fue juzgado en ausencia, por haberle disparado a su hijo Ahmet, de 26 años, quien murió, en consecuencia, en junio del año 2008. Otro hombre, identificado como residente local, resultó herido en el tiroteo, según reporta la agencia de noticias, Sapa-dpa.

                  El hombre disparó a su hijo después de que Ahmet le revelara que estaba sosteniendo una relación amorosa con un hombre de Colonia, en Alemania. Ahmet, quien estaba entrenándose como profesor de educación física, había salido del armario frente a su familia, quienes se sintieron muy descontentos acerca de su orientación sexual, de acuerdo a los abogados.

Este relato es en memoria de Ahmet. . ., porque creo que se merece un reconocimiento, porque lo considero mi hermano.