domingo, 25 de diciembre de 2011

Odio










Después de tanto tiempo allí estaba, esperando a su victima. Ansiándola con desesperación, oliendo su perfume como tantas veces hizo en los pasillos del instituto. Atormentándose sabiendo que la única forma de que fuera suya seria por la fuerza, pero no le importaba, necesitaba estar dentro de su cuerpo. Era la única que le dijo que no, la perfecta niña que ocupaba su tiempo entre el coro y el grupo de debate. Una preciosidad morena de ojos avellana.

Si esa seria la noche, un mes viendo y estudiando como hacerlo, un jueves, después de su ensayo en el coro seria el momento perfecto, la abordaría en el parque al lado mismo de su casa y había llegado la hora. Se escondió detrás de un árbol, le protegería de miradas indiscretas. El, el capitán del equipo de futbol, moreno de ojos verdes no podía tenerlo todo, se le resistía ella. Podía conseguir lo que deseara, sus padres se lo consentían todo, los viajes eran algo arto aburrido para el ya, nada podía saciarlo, pero ella, ella no le dijo que si, no se mostró interesada por el jamás y eso le dolía, era como si un punzón afilado entrara por su sien, revolviendo sus sesos, perdiendo el sentido.

Ahora solo tenia que esperar, sentía como se aceleraba su corazón con cada minuto que pasaba, se acercaba el momento, no seria la primera vez que violaba a alguna del instituto, o algo parecido, solo hacia falta unas cervezas con alguna pastilla de las que no era difícil conseguir para el.

Eran las diez menos diez, estaba a punto de aparecer por el recodo del parque por el que llegaba a su casa, era primavera y un olor dulce a naranjos envolvía el ambiente, caminaba tranquila, acariciando las hojas de los helechos que quedaban al alcance de su mano. Una sonrisa se escapo de sus labios sonrosados, el ensayo fue perfecto y Juan su amor parecía que le iba a pedir salir por fin.

Se sentó en uno de los banco, junto a una farola y aspiro todo el aire que pudo. Dio una nota perfecta y se sonrió de nuevo, se coloco el vestido, coloco la carpeta en las rodillas y cogió de nuevo aire, una nueva nota salio más bella todavía que la anterior.

El esperaba agazapado detrás del árbol un gran roble que seria el testigo de lo inmundo del ser humano.

La muchacha se levantó del banco y colocando de nuevo el vestido azul se encamino por el paseo.

Le sudaban las manos, se aferro a la corteza del árbol y contuvo la respiración, era un animal salvaje esperando a su presa, apoyó bien los pies en el suelo y se abalanzo sobre la niña, la agarro del cuello sin tiempo para que ella viera nada, la arrastro hasta la oscura madriguera que el eligió para perder una vez mas el respeto de la vida, no dejando elegir.

La tiro al suelo y amarrándola por la nuca, consiguió que su cara se fijara al suelo. Subió el vestido, arrancando las ropas de la pequeña después, entro en ella con dificultad, ella virginal no pudo aguantar el dolor y callo inconsciente, el le arrebato algo preciado.

Una vez termino, le propino una patada y escupiendo sobre ella todavía inconsciente, la insulto, ahora ya había sido suya, una muñeca rota que ya no tenia valor alguno.

Un mes después, ella la pequeña, que no dijo nada, no podía, que pensarían todos, sus padres que era una puta, Juan que era una puta y los demás, los demás serian coyotes hambrientos en busca de sangre.

Pero lo peor no era el dolor pasado, o lo que pudieran pensar si se enteraba. Pero no aquella semana no tuvo la menstruación, ni la siguiente, unas semanas después se le empezó a desarrollar la tripa, y una nueva vida estaba gestándose dentro de ella.

Ahora si estaba perdida, como podía deshacerse de ese engendro que la estaba deformando, que no se había tenido por amor, ni si quiera por un descuido, que odiaba como al ser que aquella noche al poseyó.

Camino por el parque, pero esta vez no entono, no toco las hojas de los helechos ni eligió el banco, se encamino a la pequeña laguna, donde los cisnes todavía nadaban, se sentó en la orilla de esta colocando su vestido, como su madre le enseño para ser una señorita, como a ella le enseñaron en el colegio privado al que fue.

Se propino a si misma un puñetazo en el vientre y de la misma se encogió por el dolor. Nadie lo sabía todavía, nadie se dio cuenta, quizá era que a nadie le importaba, saco un paquete del bolso, lo abrió y lo miro con detenimiento.

Era tarde, pero sus padres no la echarían de menos, les dijo que en el coro tenían que ensayar unas horas más.

Abrió el envase y volcó unas cuantas pastillas en la palma de la mano. Saco una botella de sidra, la única bebida alcohólica que probo en su vida. Le gustaba era dulce, y las burbujas en la boca eran una sensación que siempre le gusto desde su primer refresco.

Abrió la botella, la espuma se derramo por su vestido, pero eso ya no le importaba, acerco la palma de la mano a la boca metiendo las pastillas y acto seguido bebió de la botella, un largo trago de sidra dulce.

Noto como las pastillas hacían efecto, cogió su bolso y lo coloco debajo de su cabeza, el sueño hacia que sus parpados pesaran.

La luna se reflejaba en el estanque, los insectos revoloteaban a su alrededor, los grillos chirriaban por los lindes de las luces de las farolas que estaban rodeadas de mosquitos, pensó que como cualquiera de ellos su vida no valía mas que una noche en la que la mancillaron, pero ni una lagrima resbalo por sus mejillas, la noche ya estaba acabada para ella, el amor no lo conoció pero si el odio.

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