- Tía, que de puta madre las vacaciones en granada, esto es una pasada.
- Pues si, es una pena que estos no pudieran venirse.
- Bueno ya nos dijeron que les lleváramos mil fotos.
- Si, eso si.
- Yo ya he llenado una memori de mil colores, como diría la Mari, y al paso que vamos me da que tendremos que pillar otras vente.
- Es verdad, y acabamos de llegar esta tarde.
- Toma un cigarro.
- Con la puesta de sol, la alambra, es más vistosa, si cabe. Pero a estas horas, tiene algo especial, como si todavía alguien te estuviera vigilando desde las almenas.
- Pues si, las luces tenues dan un punto. . . especial a los sitios así.
- Coño. ¿Que es eso?
- ¿Quieres verlo más de cerca?
- Pero está muy oscuro nene.
- Bueno en plazas más oscuras hemos toreado, ¿O no recuerdas cuando nos metimos en la estación abandonada?
- Si.
- Pues ya esta, voy yo primero.
- Nene que esta aullando.
- Me parece que lo mejor que podemos hacer es, apretar el culo, darnos media vuelta, y andar a paso acelerado.
- Pues estoy de acuerdo.
- Pues no se hable más.
Conclusión: a menos que seas americano, (con un hierro oxidado y un nunchaku), en mano, no se juega el culo ni dios. Así pues, creo que un relato de terror solo es posible si el protagonista es oriundo de Estados Unidos. Quizá un día escriba este mismo relato con Jon como protagonista, los Migueles, Pacos, Noemís y Asunciones, aprietan el culo y salen por patas.
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Qué chulo nene :D
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