(¿Y por que no? Nadie le echara de menos. Además es un hijo de puta, fue el que mató ha la niña y no lo encarcelaron, ni siquiera le interrogaron. Ahora es un miembro respetable de la ciudad. El dinero lo compra todo. Es, fue y será siempre así.)
- Hola, Paco.
- Hola, Ramón.
- ¿Como van los negocios? - (Joder, no se inmuta lo más mínimo.)
- Muy bien, pero ponme los vinos, que tengo que buscar partida.
- Va. – (Cabrón, como si no lo supiera nadie.)
(Y yo, no pude hacer nada, me quede en el sitio como si no fuera conmigo la cosa, vi como primero le destrozaba el vestido que su madre le compro en la tienda de la mía. Azul claro, con unos lazos en el pecho y uno más grande en la cintura. Hera preciosa y con aquel vestido parecía una princesa.)
- ¿Qué pasa que esta tarde no se juega la partida?
- La gente esta comiendo todavía. – (Algo que yo no hacia a gusto desde lo que paso con la pequeña Estefania.)
- Joder, ponme otro vino. Tendré que esperar a que alguien asome para hacer baza.
- No creo que tarde mucho el personal. – (Hacia doce años, doce largos años que sucedió, la ultima vez que vi a la niña. No recordaba lo que pasado antes y he olvidado muchas cosas después, pero esa tarde de domingo la tengo grabada a fuego en mi cabeza.)
- Hace calor estos días.
- Tomate otro vino, a este invita la casa. – (Espero que la tortilla se te atragante en el gaznate.)
(Después le tapo la boca y amarrándola por la cintura abuso de la pequeña, yo lo vi todo, estaba al otro lado de la tapia, y lo vi todo, cuando mancillo su cuerpo la arrastro hasta unas zarzas y allí la mato a golpes, un puñetazo detrás de otro, hasta que la pequeña dejo de respirar.)
- Como tome uno más no veré ni las cartas.
- Ahora me vendrás con esas, si para ti una botella no es nada.
- ¿Me estas llamando borracho?
- No, hombre no, como se te ocurre. – (Lo estabas, maldito, estabas como una cuba cuando mataste a Estefania.)
- Bueno ya que así lo piensas ponme otra copa.
- Marchando. – (Esta tarde te pillaras una buena.)
- Mira que hace calor.
- Si, estamos con un veranito tórrido. (Como aquella tarde, el sol estaba en lo alto como ahora.)
(Estábamos a finales del verano, pero las temperaturas no bajaban y las noches eran calurosas, aquella madrugada de hace doce años, tu enterraste a la pequeña Estefania en la tierra, sin sepultura, sin nada donde poder saber donde se encontraba, con su carita desfigurada por los golpes y su vestidito hecho jirones por tus manos.)
- ¿Otro vinito?
- Venga.
- Marchando otro vinito para el señor.
(Tu no sabes que yo lo vi, no sabes lo que he tenido que pasar, no sabes lo que he sufrido cada noche, cada día desde mis trece años, maldito cabrón, y no pude hacer nada.)
- Mira el huerto Ramón, entra por allí, y hecha un vistazo, veras que tomates.
- ¿Ahora?
- Mientras viene esta gente.
- Voy, pero me tendrás que poner otro vino.
- Claro que si hombre.
(Entra hijo de puta, entra por que esta será tu ultima tarde. Un día como este de hace doce años, yo deje de soñar para tener pesadillas, tu dejaras de soñar y dejaras de estar en mis pesadillas.)
- ¿Valla herramientas que tengo he Ramón?
- Es una buena azada, si señor.
- Si, lo es. Apuesto que podría reventarte la cabeza de un solo golpe.
(Toma hijo de puta, muere, muere. Hecho, Estefania, este bastardo esta muerto, como te prometí hace doce años. Ahora el será el abono para mi huerto. Nadie sabrá nunca donde rezarte, estarás desaparecido, muerto para todo el mundo, menos para los que te quieren y te protegieron ese día, tu padre que pago para que no te hicieran si quiera declarar, tu madre que callo la vergüenza, tu mujer que nunca dijo nada, este será el primer día que pueda dormir a gusto, sin ver tu cara violando a la pequeña Estefania.)
Este es muy crudo, también creo que te lo comenté ya. Lo que más me gusta es el final. Esa reflexión del personaje hace que, después de leerla, también se le deshaga al lector el nudo que le has puesto en el estómago. Me encanta, pequeño.
ResponderEliminarBs!