Camine por las viejas calles, empapadas por la lluvia que tanto tiempo ansié notar en mi piel, todos los bares abarrotados de gente, en plena ebullición, con gente en arremolinándose en las entradas con los toldos extendidos, apurando las ultimas caladas de los sabrosos cigarrillos.
Continué mi camino, deleitándome con viejos aromas y las nuevas formas, los jóvenes ahora no se dedicaban a coger los cartones de vino y la coca cola, buscar un lugar y como se decía en mi época “echar unas risas” Todo había cambiado, ahora solo se dedicaban a abandonar sus casas y con solo quince años, hacían todo lo que se les pasaba por la cabeza sin pensar en las consecuencias.
Las mujeres totalmente independizadas no se molestaban en hablar con sus hijas y los hombres, como antaño, salían de su trabajo y no perdían su tiempo en explicar a sus retoños. Las cosas no habían cambiado tanto en ese tiempo, solo se aceleraron, con treinta años ya podías considerarte un carcamal.
Las cosas habían cambiado, y no, a marchas forzadas, sin tener en cuenta a los demás ni a si mismos, perdiendo la inocencia el día antes de la virginidad, todo esto en solo media decena de años.
¿Cómo el mundo no era consecuente? O al menos, ¿Cómo no lo eran con ellos mismos?
Las muñecas solo las usaban hasta los doce años como los coches de juguete solo tenían uso otro tanto, una fecha de caducidad corta para mi gusto, de este modo pasaban de jugar a mamas y papas a poder serlo sin apenas tiempo para asimilarlo.
Seguí con mi paseo, cuando me di cuenta de que algunos de los niños se giraban al verme pasar, escondiendo las drogas que en ese momento se usaban.
¿Un policía de la secreta yo? Umm. . . Si vosotros supierais . . .
Allí a lo lejos estaba el bar donde nos reuníamos, bebíamos, fumábamos. . . ahora, desde la distancia podía ver algunas caras conocidas rodeadas de niños.
Recorrí la distancia a paso rápido, no se si por los nervios o por que mi mente inconscientemente decidió que mi cabeza no podía absorber mas agua de lluvia.
Había sido una buena idea. Todo me dijeron que si, que acudirían. Yo pensé y desee que aun que solo fuera por una noche todo volviera a ser lo mismo, quizá con menos pelo en la azotea, pero esperaba que todo fuera igual.
Entre en el bar tras saludar a algún que otro viejo conocido y compañero, di unos pasos y allí, en el fondo del local, al fondo de la barra, como años atrás, allí se encontraban tomando unas cervezas. Los amigos que nunca perdí, pero que no encontraba hacia tanto tiempo.
El olor del bar no era el mismo, ahora no se podía fumar, los pósters de grupos habían cambiado, la barra nueva y lustrosa, pero la esencia allí estaba intacta.
-Un Red Bull, cacho carne.- Grite al camarero.
. . .

No hay comentarios:
Publicar un comentario