Estuvieron toda la noche hablando de hadas y de ciencias, de cómo era imposible que existieran, de que no podía existir nada que no se explicara con matemáticas. Pero ella creía que existían, que solo tenias que creer y quizá las vieras, detrás de un árbol o descansando en una roca de ribera.
La dejo en su casa de veraneo y emprendió camino a su pueblo, no trascurrió mucho trecho cuando a la salida del pueblo hizo un paréntesis. Bajo del coche y se alejo unos pasos, los suficientes para estar a salvo de algún loco del volante, descuidando los animales que pudiera haber en los márgenes de la carretera, no temía a nadie ni a nada excepto a los bichos sin pelo, como el decía.
Cuando termino se encamino a las luces de su coche, en ese momento algo lo golpeo en la nuca y callo inconsciente en el suelo.
Los vapuleos lo despertaron de su sueño obligado, con un dolor en la nuca y viendo el mundo en sombras descubrió que le estaba arrastrando, atado de pies y manos no podía hacer nada por librarse y puede que los agresores le propinaran otro golpe si lo intentaba, después de pensar esto solo le quedaba esperar en que terminaría la agresión.
En el camino vio luces en algunos árboles y partes de la senda que recorrían. Los que le transportaban hablaban un idioma extraño, nada parecido a lo que había escuchado antes y parecían bajos como encorvados.
Después de un buen trecho dejaron de caminar y vio una luz verdosa entre dos grandes nogales, los engendros se alejaron e internaron en las sombras del bosque, que en ese momento se movía como si todo el hubiera cobrado vida.
La luz verdosa aumento y una silueta se dejo entrever, poco a poco se acercaba a el y las ramas de los árboles se llenaban de pequeñas luces de millones de colores que llegaban de todas partes, en el suelo el movimiento era frenético, miles de seres de todos tamaños y colores caminaban por los lindes del claro en el que lo habían dejado.
Una voz esta vez clara y serena rompió el silencio;
- No puedes hacer que deje de creer en las hadas.
Otra voz esta más ruda y sebera siguió a la anterior;
- Ni en el resto de nosotros.
Esta voz vino de uno de los laterales, el humano miro y vio como un ser verde se acercaba con paso firme y decidido al claro. La respiración se le entrecorto y no hizo nada por zafarse de sus ataduras debido al pánico.
De la luz salio un ser precioso de tamaño pequeño y con la tez blanca como el mármol, en su espalda dos alas como las de una mariposa emitían una luz tenue que iluminaba todo a su alrededor.
- ¿Quien eres tú para mancillar a la reina del bosque, a la reina de los riachuelos y cuevas?
- Yo no he mancillado nada.- Solo estas palabras salieron de su boca.
- No hables, no puedes decir nada para salvarte, ahora el rey troll del reino de la roca hará que jamás vuelvas a maltratar los sentimientos de mi dama.
La figura se acerco más al humano y le sostuvo la cabeza en alto, los ojos del llamado rey se clavaron en los del intruso y después de un rato dicto sentencia.
- Te condeno a ver el mundo a trabes de sus ojos.
El monstruo verde se acerco y poso su mano sobre el hombre arrastrándolo a un agujero en la tierra, después de un rato intentando liberarse de sus ataduras, el troll acerco a su nariz una bolsa y el muchacho callo de nuevo en un sueño profundo.
- Sebastian, Sebastian, estás bien, Sebastian despierta.
Las palabras despertaron al hombre.
- ¿Si?
- Tu coche se salio de la carretera y . . . bueno, has perdido la vista, los cristales del parabrisas. . .
Le parecía imposible. ¿Entonces todo lo que le había pasado, solo fue un sueño? fuera como fuera quería escuchar la voz de ella, la que en todo momento le proporcionaría los colores las formas de todo cuanto le rodeara, a partir de entonces vería el mundo a trabes de los ojos del hada del bosque, la ninfa de los riachuelos y la reina de las montañas.

Adoro este cuento. Te adoro a ti.
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