- ¿Lo sientes?
- Si, dime que es.
- No lo se. Vamos al coche.
Los dos jóvenes corrieron hasta el coche.
- ¿Que coño hacéis? - Les pregunto la otra chica que esperaba en el coche.
- Nada, monta y vámonos.
- ¿Pero que a pasado? - Pregunto de nuevo.
Los dos intrépidos que habían decidido dar una vuelta por el pueblo no dijeron nada. El conductor un muchacho grande de barba espesa y su acompañante una preciosa chica de tez blanquecina no dijeron palabra.
- ¿Me queréis decir que coño a pasado? - dijo de nuevo la otra chica que esperaba en el coche. - Tenéis una cara de susto del copón.
- Quieres arrancar el coche.
- Lo estoy intentando, no lo ves. - Contesto de nuevo el hombre.
- ¿Qué a pasado, por favor decirme que a pasado? - Grito la muchacha desde los asientos de atrás.
- Ssss. . . Callar. ¿Escucháis eso? - Comento de nuevo el chico, que frenéticamente daba al contacto sin tener éxito.
- Tengo miedo. Vámonos. - La muchacha de los asientos de atrás abia cerrado las puertas.
- Como, el coche no tiene batería. ¿Bajas tú a empujar?
- Ostia. ¿As visto eso?
- Si. - Contesto la muchacha de la parte de adelante.
Las dos chicas sollozaban mientras el conductor buscaba en la guantera una linterna que recordaba tener.
- Mierda. - Grito el muchacho.- Se esta acercando, sea lo que sea se esta acercando.
- Robert haz algo. - Grito Xonsa desde la parte de atrás.
Los tres jóvenes salieron del coche, como alma que lleva el diablo en dirección a la verja que habían desbloqueado, a pesar de las advertencias de los carteles.
- Vamos, ir delante de mí. - Dijo el muchacho. - Yo os sigo, no paréis y seguir el camino por el que vinimos.
- Joder Robert, ¿Que esta pasando? - Marian no dejaba de repetir la misma frase.
Siguieron la senda marcada, por la brea echada hace años y que resquebrajada por el poder de los árboles perdía terreno ante la naturaleza.
Corriendo por la achacada calzada, llegaron a la verja, empujaron las puertas pero alguien avía colocado un nuevo candado.
- Joder esto tiene que ser una broma. Cerezal. ¿Que puto pueblo es este? Joder, Robert sácanos de aquí.
- Vamos sube a ese tronco y yo te empujare al otro lado.- Dijo el muchacho.
- Uno, dos, tres, ahora. - Los dos empujaron con todas sus fuerzas y Xonsa salto al otro lado.
- Marian te toca a ti. - Dijo Robert.
- No esta muy cerca. No me dará tiempo. - Marian agarro al chico de un brazo.
- Xonsa corre. Ves al pueblo y di que estamos atrapados. - Robert agarro un palo de tamaño aceptable y se puso en guardia. - Corre. - Grito de nuevo.
Xonsa se perdió en las sombras de la noche, corriendo por la carretera y gritando.- Aguantar.
Robert cogió a Marian del brazo y tirando de ella la arrastro detrás de el campo a traviesa. Corrieron por una zona arbolada rasgando sus ropas con las zarzas, pero sin parar ni siquiera para mirar a tras.
- Espera nene. No puedo más. - Marian sollozaba e intentaba respirar a la par.
- Bien. Descansa un segundo. - En ese momento no parecía que nada les siguiera. - No parece que nos siga nada.
- ¿Qué era eso nene? ¿Qué coño era eso?
- No lo se pitufa. - contesto el muchacho con todos los sentidos alerta. -Lo siento.
- ¿Qué? Como si fuera culpa tulla. Ahora lo que tenemos que hacer es salir de aquí.
- Vamos. Vete tú detrás, agarrante a mi chaqueta. Yo llevare la linterna.
- Teníamos que avernos ido antes. Esto nos pasa por camicaces.
- No te preocupes nena. Saldremos de aquí. Por mis pelotas. - El muchacho no las tenía todas consigo pero necesitaba que la chica no se derrumbara.
Caminaron hasta llegar a un claro inmenso y a lo lejos vieron casas las casas del pueblo que avían visitado por la tarde.
La noche se apoderaba del valle cuando empezaron a alumbrarse algunas de las ventanas.
- Robert. ¿Ese es. . . Cerezal? - La voz entrecortada de la joven izo que el muchacho perdiera la compostura.
- Tu eres la que escribe de vampiros, la que siempre esta con las cosas raras a tarambas, ahora lo vivimos pues perfecto, es el momento de echar huevos y salir de aquí.
- Si pero esto es diferente.
- No, Marian es igual, tus personajes son fuertes, como lo eres tu, no jodas nena ahora es cuando tu eres el único cerebro que nos puede sacar de aquí. Vamos a hacer un trato. . . yo pongo el músculo y tú el intelecto. Como tantas veces hicimos antes. ¿Recuerdas?
- Si. Vamos. Como saldremos.
- Las alambradas están vigiladas. El coche no funciona. . . Es hora de que tomemos decisiones y que sean buenas, jejeje . . . - las risas, incomodas y desencajadas se apoderaron de los dos.
Caminaron por una senda, paralela a un pequeño riachuelo, llegaron a un granero, a pesar de ser un pueblo minero Cerezal tenia vida, o la tubo en un momento de su historia y ahora la avía cobrado de nuevo.
- Que te parece si. . . pasamos la noche en este sitio, por la mañana Xonsa vendrá con alguien y nos sacaran de aquí. - El muchacho pensó que seria una buena idea.
- Bien. Busquemos un sitio alto, desde el que ver si viene alguien.
Caminaron pegados a la pared y miraron por un pequeño ventanuco
La edificación era angosta y parecía hecha a base de materias toscas, nada de metal o de ladrillo, piedra y argamasa con las vigas de madera y el techo de paja, nada que pudiera guarecerlos de la cosa que los persiguió hasta la verja. Entraron mirando donde pisaban, la paja cubría el suelo y parecía que una tinada a una altura de unos dos metros seria su único lugar de reposo pensando que a la mañana siguiente Xonsa y las autoridades los encontrarían. Así se quedaron dormidos tras luchar largo y tendido contra el sueño.
- ¿Donde dices que es?
- Por la carretera, allí dejamos el coche. Yo pude escapar pero ellos. . .
- No te preocupes los encontraremos. Carlos, Jose, mirar por ese lado y yo con lidia por el otro, tu Xonsa espera aquí, cierra el coche y espera.
Los hombres se separaron tomando las dos únicas calles del pueblo. Pasados unos minutos uno de ellos grito.
- Por aquí, Jefe por aquí.
El hombre al mando corrió hasta donde el otro le indicaba. Allí encontraron los dos muchachos, fuera del cementerio en un rincón, vieron las lapidas de los dos jóvenes, Robert S. C. Muerto en el año de nuestro señor de 1896 y Marian V. G. Muerto en el año de nuestro señor 1912. vinieron de muy lejos y vivieron según los designios de dios. Descansen en paz.

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ResponderEliminarJooooder qué grande Mi!!!!! Me encantaaaaa!!!!!!