martes, 1 de febrero de 2011

Malditas mis ensoñaciones como niño.


No sé muy bien lo que estoy haciendo. Pero desde luego no espero que estés de acuerdo con lo escrito en estas páginas. Ni tú ni nadie.

Estas frases vienen a cuento del amor, si es que existe. Me considero fuerte pero en casos como el que vivo en este momento no estoy seguro de serlo.

En lo que llevo de vida, no me puedo quejar en lo referente al sexo, de hecho, como digo siempre; chasqueo los dedos y tengo a siete comiéndome la polla y si los chasqueo otra vez tengo a los que no me habían escuchado la primera. Por ello no he tenido necesidad en la vida de pagar por ello, cosa que me parece la ostia de triste. Será cuestión de carácter y de ganas de follar.

Como podéis comprobar no me corto a la hora de utilizar palabras mal sonantes. De todas maneras me parece que son tan sucias como alguien quiera verlas. Lo mismo que el desnudo de un ser humano. Que es tan pornográfico como sucia tenga la mirada del que ve este. O que decir del David del gran Miguel Ángel. Un tipo desnudo con sus partes pudendas a la altura de la boca del que se atreve a mirarlo.

Desde luego para mí que el sexo y el amor no es lo mismo. Puedo mantener sexo con hombres diferentes cada día y para ello lo único que pido es que me den el morbo que necesito para ponerme cachondo.

Después está el momento en que encuentras a uno que no te pone, pero que por su forma de ser te da un punto y pruebas con lo que te llevas sorpresas agradables y sinceramente de mi “top 10” encontraras más de uno de estos, pero sinceramente, para una noche me da igual que sea gilipollas lo necesario es que esté bueno. Partiendo de esto sigo con esta especie de manifiesto.

Lo que más me llama la atención es que en este mundo las chiquillas sólo se fijan en tipos que no se distinguen de ellas mismas. Es algo paradójico, en mi forma de verlo. ¿Por qué, acostarte con Jack el de piratas del caribe? Si no deja de ser una marica loca. Con esos movimientos, esos ademanes que destrozarían la cadera de cualquier hombre de pelo en pecho. He de decir que en mi vida he probado con especimenes así, pero. . .  no es precisamente que me pongan, es más, las veces que probé la sensación de estar con una mujer me invadió. Conclusión, no, no me gustan los gays con pluma. No me molestan, siempre y cuando no la fuercen, pero jamás acabaría con uno. Pero como un amigo muy importante para mí me dijo una vez; “Nunca digas, de esta agua no beberé, este cura no es mi padre, esta polla no me entra y con esta lefa no haré gárgaras” una gran frase en un pub, un día de fiesta.

Pero en mi mundo, por desgracia, los hombres con grandes pamelas y boas de plumas, son comunes, por no decir lo más resaltado en el. Necesitas tener suerte y algo de ojo, para darte cuenta cuando entra por la puerta el tipo con el que pasaras la noche. Ese que te pondrá el vello de punta mientras os lo montáis en el cuarto oscuro del pub de turno o en otros casos en los asientos de atrás del coche, lo más usado por otra parte.

Los lugares de cruising, los pub de gay, los que se consideran gay, porque yo soy maricón, será eso de que no tengo estudios jejejejeje, son en ocasiones solo lugares en los que consigues tu ración de carne, nada más. Lo que te permite subsistir una noche más. Algo como el vampirismo pero con grandes dosis de rabo.

Contando que somos hombres y los hombres, a partir de los 11 años, para qué engañarnos, sólo pensamos con la polla, es fácil encontrar a un tío con el que darte el lote esa noche, mañana o tarde. Depende de cómo te guste, o el momento del día que más te inspire para ello.

Mi momento preferido del día es la noche. Es la parte del día en la que sólo las sombras ven tu perfil dando y recibiendo caricias y arañazos. Perdiendo calor en las noches frías de invierno mientras desnudas el cuerpo del otro, o por el contrario sudando, perdiendo gotas por los poros de la piel en una playa, mientras juegas retozando en la arena para saber quien de los dos hombres lleva los pantalones en esa relación en píldoras que te toca esa noche.

Pero para ser sincero, mi sueño siempre fue encontrar el hombre que me pudiera dar el cariño y el apoyo en los momentos en los que no me sintiera fuerte. Darme placer hasta limites que creí no fueran posibles en vida. Pero sí fue posible, lo conocí una noche en mi ciudad. Él estaba vestido con un pantalón corto y un jersey rojo con un pequeño dibujo resaltado en el pecho. Pero lo que me llamó la atención fue que se volcó en mí aquella noche.

Desde la noche en la que lo conocí, no paró de halagarme, de darme placer y de darme algo que yo no comprendí hasta algún tiempo después. En unos 7 meses estábamos viviendo juntos en Vigo una ciudad que no me gustó jamás, la gente es demasiado rara para mí, puede que yo sea demasiado raro para la ciudad, pero desde luego cómodo no me sentí nunca. Ya conocía gente en aquella ciudad. Como no me los había pasado por la piedra como suele decirse. Pero aquel hombre hizo que casi olvidara mi instinto, mi forma de vida desde que despertó mi cuerpo al sexo.

Vivimos juntos, yo sentí, desde luego cosas que jamás pensé que fueran posibles de sentir, ¡Además de debajo del mismo techo!. Las noches pasaron, acurrucándonos en la cama dando y recibiendo calor y sensaciones que no sentí nunca antes.

Sintiendo como me trataba encontré como poco a poco los sentimientos por esta persona se incrementaron. Hasta que un día sin pensar más en lo que me daría a cambio le dije: Te quiero. Salieron de mi boca esas palabras que en la vida dije tan convencido y con tantos sentimientos que lo respaldaran. Pasaron los meses y los sentimientos crecían día a día, incluso cuando no estaba todo bien. Pero sentía que quería que formara parte de mi vida para siempre.

Mis sueños se estaban cumpliendo, mis deseos que sólo unas pocas personas conocían, mis amigos mas allegados, los que me daban su apoyo en todo momento. Algún día con ese hombre con el que en principio no me vi más de unos meses se convirtió en el ser con el que esperaba pasar el resto de mis días.

La visión de nuestros cuerpos, ya con los achaques de la edad, con 40 años mas de los que tengo en este momento, en un porche de una casa en algún lugar recóndito y tranquilo, él viendo una revista sobre su gran pasión, la escalada, y yo solo viendo su expresión con grandes arrugas que surcaban su cara por todos los días de sonrisas que juntos habíamos pasado. Con una sonrisa por ambas partes entraríamos en la casa, cenaríamos algo rápido y nos meteríamos en la cama para recordar como cada noche, la primera que pasamos en la misma cama dando y recibiendo algo más que calor. Amor algo que jamás pensé que me llegara, algo que conocí con él y jamás creo que pueda recrear, por muchas vidas que me toque pasar en esta roca perdida en el medio de la inmensidad. Espero que el amor que siento por este ser perfecto para mí no muera jamás. Pues cuando muera moriré con él.




Malditos sueños, amores perdidos y mejor no encontrados, deseos inconclusos de mentes anodinas, maldito mi corazón por permitirme enamorarme.

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